21/2/18

La OTAN ya descargó en 2001 toneladas de bombas sobre las gentes más pobres de Afganistán para “salvarlas”... desde entonces, miles de mujeres han sido violadas por los soldados de la ocupación y los “yihadistas” que aun controlan la mitad del país

  Mujeres nigerianas refugiadas en Libia 

"La OTAN tiene la responsabilidad y la oportunidad de ser una protectora líder de los derechos de las mujeres” afirma Angelina Jolie, convertida en la imagen de la Alianza Atlántica para sus nuevas agresiones militares, para “prevenir y responder a la violencia sexual en un conflicto“. 

Ésta coalición militar de 29 estados ya descargó en 2001 toneladas de bombas sobre las gentes más pobres de Afganistán para “salvarlas” de los viejos aliados de EEUU, los ineptos “yihadistas”.  Desde entonces, miles de mujeres han sido abusadas y violadas por los soldados de la ocupación y los “yihadistas” que aun controlando la mitad del país.


En 2011, el fiscal de la Corte Penal Internacional lanzaba la falsa noticia de que los soldados libios recibieron Viagra para fomentar crímenes sexuales. Amnistía Internacional desmontó la acusación aunque después de que fuese utilizada por la OTAN en su plan de desmantelar el estratégico estado libio. 

El libro “The Private War of Women Serving in Iraq” recoge el testimonio de 40 soldadas del ejército de EEUU en Irak, agredidas sexualmente por sus compañeros “salvadores de las mujeres oprimidas”. 

¿Cómo unos delincuentes podrían ser portadores de la democracia? Luego, se reveló la violación de una niña iraquí de 14 años en 2006 y el asesinato de su familia por el soldado Steven Dale Green y sus cuatro compañeros. Era la punta de iceberg. Aunque ya no se habla de los refugiados


En las zonas de guerra, cientos de miles de mujeres sufren la violencia sexual por los “enemigos” oficiales, los hombres del gobierno y de la familia, y el personal de las ONG. La violación, la trata, la esclavitud sexual, el matrimonio infantil y el forzoso, y la prostitución a cambio de la protección o alimentos forman parte de la amplia gama de estas relaciones de explotación. 

Aunque la naturaleza íntima de la agresión sexual impide a que las víctimas hablen, ellas van rompiendo el tabú y denuncian estos crímenes contra la humanidad:

  • En Libia: decenas de miles de hombres y mujeres libios y también de las tierras de la África subsahariana que han huido de las guerras, las persecuciones étnico-religiosas, y de la pobreza extrema, han sido retenidos por los traficantes de seres humanos que han convertido Libia en el principal mercado de esclavos del mundo.
    Ramya, una mujer de eritrea de 22 años fue secuestrada junto con otros hombres y mujeres. Fue privada de comida y agua, golpeada y violada varias veces. La italiana Médicos por los Derechos Humanos (MEDU), tras realizar una entrevista con 31 mujeres y 127 hombres llegados de Libia, afirma que todos, salvo una de las mujeres, dijeron que habían sufrido violencia sexual. Los propios traficantes suelen inyectar un anticonceptivo a mujeres y a las niñas a partir de 12, 13 años, para que no se queden embarazadas en la travesía.
  • En Sudan Sur: ésta país “petrolífero” creado por EEUU en 2011, vive una devastadora guerra en la que la violación ha alcanzado “proporciones épicas”, dice la ONU. Unas 20.000 mujeres, antes de huir del país y refugiarse en Uganda ya habían sido violadas. Muchas volvieron a ser atacadas sexualmente en el camino, y una y otra vez en el asentamiento Pagirinya; no pocas fueron repudiadas por sus maridos o familias.
    Mery, cuenta cómo unos hombres armados entraron en su casa, mataron a su marido, se turnaron para violar a su hija de 12 años y luego fueron a por ella. “Ya no podía ver a mi niña.  Solo pude ver sangre”. Nyalaat, su hija murió horas después.  En la guerra de Sudan, han sido asesinadas 50,000 personas; 2,2 millones han huido de sus casas y 4 millones pasan hambre y una violencia que no termina. Mery, había planeado envenenar al bebé que iba a tener de la violación, pero el amor de madre superó la criminal costumbre de eliminar a los inocentes “niños de violación”. En este campo también se encuentra Jeanna, de 28 años nativa de la República Democrática del Congo, país donde las mujeres y niñas han sufrido atroces violaciones incluso con objetos punzantes. Ella prefiere la muerte antes de ser violada, porque “la comunidad te considera maldita, y te aísla”. En las últimas dos décadas en el este del Congo, han nacido unos 50,000 niños fruto de la violación.
  • En Irak, otro país que “sigue siendo liberado” por EEUU desde 2003, un ocultado número de mujeres han sido violadas por las tropas ocupantes, por las bandas armadas, por la policía en las comisarías, y por el personal de la ONU en los campos de refugiados. Muchas mujeres en estos asentamientos tienen miedo hasta de ir a los baños por el temor a ser asaltadas: utilizan pañales.
    Al igual que en muchos países de Oriente Próximo y de África, en Irak los bebes son registrados con el apellido del padre y si este es desconocido la madre se enfrenta a la muerte “por el honor” y él niño en el mejor de los casos, acabará en un orfanato.
    La antigua Mesopotamia es otro país donde los traficantes internacionales de sexo hacen su agosto con niñas huérfanas y mujeres desamparadas, que son trasladadas a los países del Golfo Pérsico y desde allí enviadas al mercado mundial de prostitución y pornografía.
    En la región kurda de Irak, la campaña Shahrazad trabaja con las víctimas de acoso sexual y violaciones. También hay miles de hombres violados por otros hombres: sólo en el campo de Erbil se estima que entre 30% y 40% de los varones lo han sufrido, aunque por vergüenza y por temor a ser acusados de “prácticas antinaturales” no se atreven a denunciarlo.
    Una de los residentes es Souhayla, una niña de 16 años que fue raptada en Mosul por los “yihadistas” cuando tenía 13. En sus muñecas lleva la marca de las cicatrices de los intentos del suicido. Pudo huir tras un ataque aéreo que sepultó a su captor y también a otra joven esclava sexual. Hasta meses después seguía en estado de shock severo. Había sido violada por un total de siete hombres durante estos años. Bárbaros que tras esclavizar a las mujeres las vendían a las mafias o las mataban. Se van descubriendo fosas comunes con sus cadáveres por el norte de Irak.
  • En Myanmar: en el último año, cerca de 5000 mujeres, hombre y niños de la minoría étnico-religiosa rohingas fueron agredidos y asesinados, y otros 600.000 se convirtieron en refugiadas en Bangladesh.
    En su drama está presente un gaseoducto que atraviesa su región y lleva el gas de la costa de Myanmar a China. Con el fin de expulsarles de su codiciada tierra, el ejército y las bandas armadas han recurrido al terror, la quema de las aldeas, matando a sus habitantes y violando a sus mujeres: manual de la limpieza étnica. Nurshida es una de las miles de niñas y mujeres violadas rohinga, acogidas en el campamento Kutupalong de Bangladesh. Ha perdido a su familia y también a su país. El estigma de ser violada impide que muchas de estas musulmanas hablen de su tragedia, procesen lo sufrido y hagan el duelo.
  • En Yemen: Para las mujeres de esta nación también musulmanas es preferible morir que ser violada. No se sabe cuántas niñas y mujeres han sido asesinadas por sus propias familias tras ser objeto de la agresión sexual. Sólo en diciembre y enero pasados otras 85.000 personas huyeron con lo puesto de sus casas a causa de los intensos bombardeos de EEUU-Arabia saudí sobre el país, que ya sufría la mayor crisis humanitaria del mundo. Nuha Saleem, de 23 años, cuenta al diario Yemen Times que las noches de bombardeos su madre se despierta para cubrir el cuerpo de las hijas, y no les deja huir sin ponerse la abaya: que los hombres vean alguna parte de su cuerpo -vivas o muertas-, es peor que morir por el impacto de un misil.

Llevar anticonceptivo consigo es imprescindible para las mujeres que se convierten en migrantes o refugiadas, y no sólo para así protegerse de los maridos desconsiderados (que se niegan a utilizar protección) y poder saltar vallas agarrando las manos de los hijos, sino también de los violadores que andan sueltos.


Desde Dinamarca, hasta EEUU llegando a Afganistán, el problema de la violación honda su raíz en la ideología que cosifica a la mujer, a la apología de la supremacía masculina, y unas relaciones y estructuras del poder económico, político y social que permite el dominio de unos sobre otras, y bajo diferentes conceptos “normalizados” como los “deberes maritales” de la mujer, o la pedofilia oculta en los “matrimonios con niñas”.


Los gobiernos deben expedir visados ​​humanitarios a las mujeres solicitantes de asilo, y proporcionarles campos seguros. Y desear que acaben las guerras provocadas por los recursos naturales y las dictaduras, tiene que pasar de ser una utopía a una exigencia activa, para que nadie más tenga que huir de su tierra."                   (Nazanín Armanian, Público, 20/02/18)

20/2/18

Los veinte alcaldes fusilados en Madrid en los inicios del franquismo evidencia la voluntad de acabar con los cargos altos, medios y menores de las instituciones de la capital, y centralizar las ejecuciones para fomentar el doblegamiento sobre el entorno de la resistencia

"2.934 personas fueron ejecutadas en Madrid capital en la posguerra por la represión franquista. Casi todas fueron fusiladas en una de las tapias exteriores del cementerio de la Almudena. Pasados diez años, la mayor parte de los cuerpos fueron exhumados y enterrados en fosas comunes. Sus asesinatos se guardaron así en la desmemoria de un país que cada vez amontonaba más ejecutados ‘desconocidos’ en sus cunetas.

Ahora podemos conocer los nombres de los asesinados gracias al trabajo de historiadores e investigadores y colectivos por la Memoria Histórica que han realizado esta labor de recuperación durante años. El remate final lo ha puesto un equipo de siete investigadores por encargo de la Oficina de Memoria y Derechos Humanos del Ayuntamiento de Madrid. Entre estos nombres, destaca que hay veinte alcaldes de toda Madrid durante la II República.

Amós Acero Pérez, Cayetano Redondo Aceña, Constantino Herranz Márquez, Francisco Lastra Valdemar; Andrés Molpeceres Barceló, Cipriano Montes Guzmán, Anastasio Moreno Martínez, Marciano Rivas Redondo, Adolfo Sánchez Muñoz y Felipe Arribas Maitiñán son algunos de los alcaldes que fueron fusilados por la represión franquista.

 Junto con otros diez ediles figuran en el listado elaborado por el grupo encargado del Ayuntamiento de Madrid. Fernando Hernández, uno de los investigadores que ha formado parte del estudio, señala a Público que este número evidencia la represión política sobre los alcaldes de la República.

Mirta Núñez, historiadora que comenzó todo el trabajo de investigación sobre los ejecutados en Madrid junto con Antonio Rojas en 1997, también evidencia la voluntad del franquismo de acabar con los cargos altos, medios y menores de las instituciones de la capital. “Aquí está uno de los ejes de la política de los vencedores: acabar físicamente con el enemigo era uno de los elementos claves. 

Igual que domesticar, doblegar y amedrentar a todo el entorno para que viesen cual había sido el fin de los que habían sido leales a la República”, explica.


Núñez también alega que había una voluntad desde el nuevo estado franquista de centralizar estas figuras y sus ejecuciones en Madrid capital para fomentar ese doblegamiento sobre el entorno de la resistencia

Así, en el Informe técnico al que ha tenido acceso Público, figura que los alcaldes fusilados en la necrópolis del este no eran sólo de la capital; también lo fueron de Guadalix de la Sierra, Getafe, Hortaleza, Morata de Tajuña, Galapagar, Rivas-Vaciamadrid, Cadalso de los Vidrios, Miraflores de la Sierra y tantos otros.


Pero poco más sabemos de la mayoría de ellos. La historia de algunos de los ediles sí ha sido recuperada como la del alcalde de Vallecas, Amós Acero, maestro y socialista que fue elegido alcalde del barrio madrileño en las elecciones de 1931. Se mantuvo en su cargo hasta su detención a finales de la guerra el 28 de marzo de 1939.

 Amós Acero fue detenido junto con otros compañeros socialistas cuando intentaban escapar de España por el puerto de Alicante, pero fueron detenidos y encerrados en el campo de concentración de Albatera. Tras varios juicios paralelos, el exalcalde fue condenado a fusilamiento el 16 de mayo de 1941.

De otros también conocemos algo más como del periodista y político socialista Cayetano Redondo Aceña, alcalde de Madrid durante la Guerra Civil, que ocupó el cargo de Alcalde de Madrid tras la fuga durante la Guerra Civil de Pedro Rico. Ejerció la alcaldía desde el 8 de noviembre hasta el 23 de abril de 1937, pero al final de la guerra fue arrestado por las tropas de Franco y fusilado en los muros del cementerio de la Almudena el 21 de mayo de 1940.


Sin embargo, de la mayoría no conocemos tanto y los datos que tenemos se limitan a sus nombres, su fecha de ejecución y la forma y la localidad donde nacieron y vivieron. Conociendo los nombres, de algunos de ellos también podemos saber la profesión a la que se dedicaban antes de ser alcaldes gracias a listados como el de Memoria y Libertad, en el que figuran sus nombres pero no su cargo de alcalde.


El listado ahora elaborado con los ejecutados en el Madrid de la posguerra puede servir, como indica Hernández, “de base para un estudio de los ediles represaliados por el franquismo”. Y así poder conocer la historia de los alcaldes republicanos de la capital.

Los 2.934 fusilados 


Los fusilamientos de los alcaldes, como el del resto de víctima, tienen como punto de partida la investigación ya mencionada, Consejo de Guerra. Los fusilamientos en el Madrid de la posguerra (1939-1945), de Mirta Núñez y Antonio Rojas.

“Recibimos noticias de que en Madrid se había fusilado a mansalva por parte de los vencedores de la guerra una vez que habían entrado en la ciudad, y queríamos documentar lo que habíamos oido. Tuvimos la oportunidad de ir al cementerio de la Almudena para seguir la pista documental de los fusilamientos. Fue muy difícil por la ocultación que el régimen franquista había desarrollado durante sus ejecuciones”, cuenta a Público Mirta Núñez.


Pero a pesar de las dificultades, los historiadores encontraron la fórmula para diferenciar las defunciones por causa natural de las ejecuciones por la represión franquista: “Fue gracias a los funcionarios del cementerio que nos explicaron el procedimiento: en las cuartillas de defunción, en las ejecuciones por consejo de guerra o protagonismo militar, junto con el nombre y el apellido aparecía una “a” que significaba “por orden de auditoria de guerra esta persona había sido fusilada”, relata Núñez.

Como explican los investigadores en el informe técnico al que ha tenido acceso Público, la mayoría de los fusilados llegaban de las numerosas cárceles de la capital y eran trasladados a la prisión de Porlier. Allí eran entregados al piquete de ejecución de militares o guardias civiles y se dirigían en camiones hacia la tapia Sur, donde eran fusilados.

Confirmados los asesinatos con el tiro de gracia del jefe de la fuerza, los cadáveres eran transportados al cementerio, donde eran colocados en cajas de cartón forradas con una tela negra. A los diez años de su enterramiento, a excepción de algunos cuerpos que fueron reclamados por los familiares, los cadáveres eran exhumados y enviados al osario o fosa común: sólo una mínima parte de aquellos cadáveres permanecen hoy en tumbas visitables.

Un lugar para la memoria


Hernández explica el añadido del listado actual: “Hemos aumentado en 271 víctimas el número de 2.663 ejecutados en Madrid capital aportados en su momento por los historiadores Mirta Núñez y Antonio Rojas. También nos hemos esforzado mucho por corregir los nombres y averiguar la correcta transcripción de ellos”.


Para esto, ha sido fundamental el trabajo de las fuentes familiares que se ha vinculado a través del colectivo de Memoria y Libertad. Tomás Montero es el fundador de este grupo que comenzó su andadura por la recuperación de la memoria en 2004. Desde entonces, han ayudado a más de 300 personas a encontrar a sus familiares. 

“A partir de 2007 nos decidimos a ir a la tapia del cementerio hacer un homenaje a los fusilados y de ahí surgió la necesidad de tener un lugar de memoria. Estamos ya en 2018 y parece ser que estamos apunto de conseguir que sea posible después de tantos años de lucha”, explica Montero a Público.

 “Lo que no se nombra, no existe, por esto tenemos que recuperar sus nombres. Y a nivel social es esencial para que las nuevas generaciones sepan lo que ha habido y no se vuelva a repetir esta represión. Nos importan todas las víctimas, pero nuestro trabajo es para las víctimas que murieron por la democracia o que lucharon por la justicia. Todos debemos tener el derecho de poder llevar unas flores a nuestros familiares”.


Montero también recalca la importancia de acceder a los documentos sobre las ejecuciones. El listado encargado por el Ayuntamiento de Madrid será de acceso público para que sirva “como presentación de un fondo documental para posteriores investigaciones y como ejercicio de socialización de un conocimiento que debería ser público, el de las víctimas de la dictadura –y resistentes a la misma- en la ciudad de Madrid”. Para esto, dice Hernández que se tendrá acceso mediante una página web y que se publicarán los nombres y se abrirá un periodo de alegaciones para cambios.

El equipo al que le han encargado la misión ha estado formado por investigadores que llevan años dedicados a completar el listado e informaciones de las personas ejecutadas en Madrid como Tomás Montero Aparicio, fundador de Memoria y Libertad; Manuel García Muñoz o Santiago Vega Sombría. También han formado parte tres jóvenes historiadores expertos en violencia política de guerra y posguerra: Fernando Jiménez Herrera, Juan Carlos García Funes, y Daniel Oviedo Silva."                    (Beatriz Asuar Gallego, Público, 18/02/18)

16/2/18

La espantosa experiencia voluntaria de Luce d'Eramo en los campos de concentración nazis

"Érase una vez una joven guapa y rebosante de salud que vivía con sus padres fascistas en el castillo de Bassano, en la provincia italiana de Vicenza, en el norte de Italia. Se llamaba Lucette porque había nacido en Francia, pero todos la conocían como Luce o Lucetta.

 Su padre había sido piloto y por aquel entonces, en 1944, en plena II Guerra Mundial, ocupaba el cargo de subsecretario de Aviación de la República de Salò, el Estado títere de los nazis con Benito Mussolini a la cabeza que ocupaba buena parte de los territorios italianos controlados militarmente por los alemanes.

Lucette tenía 18 años y muchas dudas. Era una buena fascista, sí, pero cada vez le inquietaban más las críticas y reproches que escuchaba contra los suyos, las voces que por ejemplo aseguraban que los nazis habían puesto en marcha campos de trabajo y de concentración en los que trataban como auténticos animales a quienes allí se encontraban. 

«Después de mucho pensar, comprendí que la única manera de saber quién estaba en posesión de la verdad, si los fascistas o los antifascistas -se decían tantas cosas que nadie alcanzaba a entender nada-, era averiguarlo personalmente. 

Para ello, entendí que lo mejor para mí era ir a aquellos lugares de los que se decían las cosas más impactantes: los lager nazis», escribiría muchos años después en Desviación, un brutal libro autobiográfico en el que a lo largo de 500 páginas Lucetta, Luce d'Eramo, relata las terribles experiencias que durante la II Guerra Mundial vivió en primera persona, en sus propias carnes. 

Más de 30 años le llevó escribir ese libro escalofriante que vio la luz en la Italia en 1979, que se convirtió inmediatamente en un súper ventas y que sin embargo sólo ahora acaba de publicarse en España de la mano de la editorial Seix Barral.

Fue el 8 de febrero de 1944, con 18 años, cuando Luce d'Eramo se escapó de su casa y, con los retratos de Hitler y de Mussolini en la mochila, se presentó voluntaria para ir a Alemania en calidad de simple obrera.

  Ingresó en un campo de trabajo cerca de Fráncfort, la IG Farben, donde enseguida se quedó espantada al ver las atroces condiciones en las que se encontraban muchos de los prisioneros de guerra obligados a trabajos forzados. Hasta el punto de que, junto con algunos compañeros, organizó una huelga. 

Resultado: la detuvieron, la mandaron primero a prisión primero y después al campo de concentración de Dachau, en el que más de 200.000 personas procedentes de más de 30 países fueron recluidas durante la II Guerra Mundial. 

«En las 12 semanas que pasé en Dachau no dejó ni un segundo de asombrarme la increíble cantidad de padecimientos que el organismo humano puede soportar», confiesa. Podría haberse librado de todo aquello con tan sólo sacar a relucir que su padre era un jerarca de la Italia fascista. Pero eligió no hacerlo. 

En Dachau, Lucetta formaba parte del grupo destinado a limpiar las alcantarillas y las cañerías de desagüe de la ciudad de Munich y alrededores. «Lo peor era cuando nos llevaban a las aldeas a vaciar los pozos negros: allí no hay cañerías. Cuando los pozos negros están llenos hay que vaciarlos con cubos y, una vez hecho esto, bajar al interior. Sólo entonces nos daban máscaras y botas de goma, y estábamos metidos en la mierda hasta que hubiéramos acabado. Muchos enfermaban, y había quien moría intoxicado», revela. 

Lucia, alter ego de Luce d'Eramo en Desviación, logró escapar de Dachau aprovechando un bombardeo inesperado durante el tiempo de trabajo. Se ocultó un par de meses en Munich, esforzándose siempre por no llamar la atención. «Desde Dachau me he puesto un objetivo: pasar inadvertida, confundirme por completo con la masa. No quiero morir», escribiría. 

«Sólo tengo 19 años, pero siempre se me olvida. Luego cuando me acuerdo es como un descubrimiento, y me alegro en parte porque tengo toda la vida por delante, pero enseguida me pongo triste, me entra un miedo terrible al futuro, siento que no podré vivir después de todo esto».

Tras vicisitudes varias, acabó en Maguncia, una ciudad alemana a orillas del río Rin. Era el 27 de febrero de 1945, la localidad acababa de sufrir tres horas de bombardeos salvajes y los americanos estaban a punto de entrar en ella en cualquier momento. «Para nosotros la guerra había terminado», recuerda. 

Salió a festejarlo con un amigo cuando pasaron junto a una casa que se había derrumbado. En la puerta, una chica alemana suplicaba a los viandantes que la ayudaran a salvar a su familia. Luce D'Eramo, junto con otras 10 personas, decidió echarle una mano. Se encontraba en medio de los escombros cuando una bomba de fósforo de efecto retardado estalló y un muro le cayó encima. A partir de ese momento, y hasta su muerte en 2001, sus piernas quedaron inmovilizadas. Además, sufría incontinencia fecal y urinaria.

Comenzó otro infierno, que Luce d'Eramo narra con la misma crudeza y sencillez que el resto de vivencias, con un estilo despojado de ornamentos pero absolutamente fiel a la realidad. «Yo, yo clavada a una silla de ruedas para toda la vida, entre orina y mierda», recuerda al enterarse de su diagnóstico, después de pasar varias semanas en la sala mortuoria de un hospital entre cadáveres y moribundos.

Pero aunque es una autobiografía, Desviación es sobre todo un libro de memorias. O, mejor dicho, un libro sobre la memoria. «Si mi madre tardó más de 30 años en escribir Desviación fue porque tuvo que desenterrar su propia memoria, hacer un largo y fatigoso recorrido para recordar lo ocurrido realmente, por reconquistar el pasado, por dejar de lado las mentiras que nosotros mismos nos contamos con frecuencia», explica a EL MUNDO Marco, su hijo. 
 
Porque cuando concluye la II Guerra Mundial y Luce D'Eramo regresa a Italia, se encuentra con un mundo en blanco y negro, dividido férreamente entre víctimas y agresores. Un mundo en el que las víctimas, por el mero hecho de serlo, se convierten en buenas y bondadosas. «Y eso es falso. Entre las víctimas también había carniceros, como decía mi madre, a quien siempre le interesó la zona gris», subraya Marco.

Por eso, porque iba contra las ideas preconcebidas, a Luce D'Eramo le costó tanto desenterrar la verdad de lo sucedido, separar en su memoria lo falso de lo verdadero.  

Y por eso, por contar en Desviación no sólo los horrores cometidos por los nazis sino también las miserias de las víctimas, cómo algunas «se peleaban entre ellas como fieras por un cigarrillo, un nabo, un hombre, se denunciaban la una a la otra a los Kapos o a los SS» o se «abrían de piernas» para conseguir un trozo de papel de periódico con el que envolverse los pies y para caminar los cinco kilómetros que separaban el lager de la fábrica, hubo editores que rechazaron publicar su libro. 

 «Y hubo también uno que se negó a publicarle una recopilación de relatos al percatarse de que era discapacitada e iba en silla de ruedas», subraya su hijo.

Pero aunque a su regreso a Italia Luce d'Eramo vivió una existencia plena e intensa, se casó, tuvo un hijo, se licenció en Filosofía y Letras, se separó, frecuentó a intelectuales como Alberto Moravia, Elsa Morante o Cesare Zavattini y escribió de modo incansable, siempre le interesaron precisamente esas incómodas zonas grises y siempre se sintió una marciana que no encajaba en las categorías preestablecidas. De hecho, su último libro, una suerte de testamento espiritual, se titulaba precisamente así: Yo soy una extraterrestre."          (Irene Hernández, El Mundo, 15/02/18)

15/2/18

El padre y 4 hijos fueron fusilados en 1936 y 1945

"Manuel López López, teniente alcalde de Lanjarón fue detenido en el Ayuntamiento de Lanjarón, cuando partidas de la Guardia Civil y grupos de falangistas armados se hicieron con el control del pueblo y de buena parte de la Alpujarra a los pocos días del golpe militar. La madre, Dolores Mingorance, se presentó en el Ayuntamiento y pidió que al menos le diesen el retrato de su marido. La foto acabó pisoteada por el suelo; luego saquearon su casa y el taller mecánico de la familia.
 
Los 4 hijos mayores huyeron, Antonio y Félix se escondieron en los montes de Lanjarón. Miguel huyó hacia el este, pero cayó preso en Torvizcón, donde fue asesinado el 27 de agosto del 36, dejando 2 hijos pequeños y una mujer que acabaría internada en el Hospicio. A los pocos días Antonio y Félix, decidieron regresar a Lanjarón pensando que nada tenían que temer ya que nada habían hecho. Acabaron encarcelados en la prisión de Granada junto a su padre.

El 11 de agosto de 1936 los transportaron para su asesinato, en uno de los 7 camiones que pasaron por Lanjarón camino del Carrizal. Antes de la ejecución, uno de los miembros del pelotón se dirigió a Manuel y le dijo: “Primero fusilaremos a tus hijos para que los veas morir”. Juan González Blasco, catedrático y cronista de Órgiva y autor de Órgiva, hitos de su historia, cuenta que “a diario pasaba un camión con 70 u 80 personas procedentes de pueblos de la Alpujarra camino del Carrizal. Al rato se oía el tiroteo de las pistolas. Hay allí enterrados 4.000 republicanos granadinos y malagueños”.

Pura e Isabel, fueron detenidas y recluidas en la prisión provincial. “Todavía estáis aquí. Veremos a ver mañana”, se mofaban las carceleras de las dos hermanas, según recuerda hoy Maribel, hija de Isabel, que finalmente saldría con vida de la cárcel con su hermana.

José María logró llegar a Almería, donde se integró en el Ejército Republicano. Fue secretario de las Juventudes Libertarias de Andalucía, brillante orador, todos le llamaban ´Germinal´. Herido en un pie durante el cerco de Almería, se enamoró de la joven enfermera que le cuidó y se fue a vivir con ella. Era hija de un militar rebelde y convenció a Germinal para que confiase en las influencias de su padre. José María accedió y acabó en la cárcel de Alicante y posteriormente en la de Granada.

La madre y sus hermanas lograron un salvoconducto para excarcelarlo, pero era demasiado tarde. Ese 25 de enero de 1945 Manuel fue fusilado de frente, así lo decidió aunque el pelotón le dijo que se diese la vuelta. Las hermanas lo encontraron semienterrado con un grupo de presos recién asesinados en la colina de la Alhamba. Lo identificaron y enterraron porque su pierna sobresalía del suelo. 

En el año 2009, Maribel, su marido y miembros de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, colocaron en el patio de San Gregorio del cementerio de Granada, donde está enterrado, una placa para recordar a Germinal. A los pocos días fue arrancada.

A finales de 1975, recién muerto Franco, el mecánico Manuel López Mingorance, soldó dos tubos a modo de cruz que colocó a un lado de una curva de la carretera entre Lanjarón y Órgiva, cerca del sitio donde fueron fusilados y sepultados en cal viva en el barranco del Carrizal, su padre Manuel López López, electricista, mecánico, socialista, republicano y teniente de alcalde de Lanjarón, y sus 2 hermanos mayores. Fue el primer acto físico de recuperación de memoria de víctimas Republicanas de la Guerra Civil en Granada. La cruz sigue allí, al pie del barranco."               

(Documentalismo memorialista y republicano, 28/01/18.  Documentos originales: La memoria recuperada: Lo que nunca han contado Felipe González y los dirigentes socialistas (María Antonia Iglesias), a partir de 13 reportajes publicados entre octubre de 2008 y enero de 2009 en La Opinión de Granada por los periodistas Santiago Sevilla y Álvaro Calleja; También en arico, o guerra civil Granada. Puerto Real CNT)

12/2/18

As historias invisibilizadas das mulleres do Deza represaliadas polo Franquismo

"Son innumerables as historias persoais de represión, de morte, cadea ou exilio, que aínda descoñecemos. Moito máis nas zonas rurais. E moitísimo máis no caso das mulleres. "Hai moitos casos de mulleres represaliadas polo franquismo que aínda non foron rexistrados", dicía nesta entrevista o deputado Luís Bará, realizada ao fío da publicación de Non des a esquecemento. “Faltaban moitos nomes, sobre todo de mulleres, que foran detidas, torturadas, violadas, rapadas…", destacaba.

De igual xeito, Manuel Igrexas, profesor no IES Laxeiro de Lalín, vén de recoller no seu blog Historias de Deza as historias dun feixe de mulleres desta comarca que sufriron a represión franquista a partir de 1936. 

Na introdución do texto sinala que "a excepción duns poucos nomes de paseadas ou fusiladas, poucas veces as mulleres aparecen citadas nos estudos sobre a represión franquista en Galicia. Pero estas tamén foron represaliadas tanto física como económica, laboral ou psicoloxicamente. Foron moitas as mulleres violadas, rapadas, humilladas e obrigadas a beber aceite de rícino". 

 "As últimas investigacións eliminaron moitos tópicos e agora forman parte da historia real dos derrotados. Pouco a pouco imos coñecendo a dureza das vidas que levaron esas mulleres, porén hai moitos casos dos que cómpre saber en detalle", engade.

Historias coma a de María Carmen Sánchez Sanmartín, nacida en Lalín en 1903, detida en xullo de 1936 e sometida a un consello de guerra, acusada de auxilio á rebelión e condenada á pena de 15 anos de reclusión temporal. 

Ou a de María Andrea Valladares Carballo e outras mulleres da comunidade protestante da parroquia de Vilar (Silleda). María Andrea estaba acusada de “saludar con el puño cerrado” e foi xulgada en consello de guerra, acusada de auxilio á rebelión e condenada a 20 anos de prisión, pena conmutada cinco anos despois.

Ou as das mestras purgadas pola Comisión Depuradora do Maxisterio. Foron sancionadas coa suspensión e/ou co traslado a outra localidade Milagros Gómez Fernández, mestra de Bais (Agolada), Juana López Elicegaray, de Besexos (Vila de Cruces), Carmen López López, de Vilarello (Dozón), Peregrina Besada Álvarez, de Cadrón (Lalín), Benita Gallego Varela, de Moneixas (Lalín), Emilia Barros Muíños, de Palmou (Lalín), María Lareu Yáñez, de Sello (Lalín), Higinia Fráiz Villanueva, da Bandeira (Silleda), Efigenia Novas Solla, de Parada (Silleda), Encarnación Seoane Golmar, de Saidres (Silleda) e Elisa García Arguindey, de Taboada (Silleda).

Especialmente violenta foi a represión exercida contra as donas e familiares de fuxidos e guerrilleiros. Laura Nicolás Esperante, militante do Partido Galeguista e que casou en 1943 co guerrilleiro Eugenio Rueda Perosanz, foi detida en 1948 e xulgada nun consello de guerra, condenada a dous anos de cadea. 

Nesa mesma redada de 1948 foi detida a súa irmá, Josefa Nicolás Esperante, xulgada pero non procesada. E tamén foron detidas Inés Blanco Donsión, Josefa Diéguez Froiz Estrella Souto Ramos, xulgadas no mesmo proceso. Josefa foi condenada a seis meses de prisión, marchando despois de Lalín para vivir en Vigo. Inés non foi condenada, pero tivo que exiliarse en Venezuela. 

Tamén sufriron a represión as familiares de Antón Alonso Ríos mestres este estaba fuxido, disfrazado como o siñor Afranio. A súa nai e as súas tres irmás foron acusadas de colaborar coa república e ter ideas esquerdistas. E tamén Rogelia Sanmartín Amigo, dona de Luís Frade Pazos, primeiro tenente alcalde de Lalín na última corporación republicana e asasinado en 1936. Ou Rosa Abeledo Albarellos, muller de José María Montouto Rodríguez, tamén asasinado ese mesmo día."               (Praza Pública, 11/02/18)

9/2/18

Se quiso que toda la ciudad tuviese conocimiento de la ejecución como escarmiento público y por eso los dividieron en grupos por distintos barrios...

"La casa está cerrada a cal y canto. La puerta es de chapa marrón. “Sí, soy yo”. La puerta chirría cada vez que la mujer, asida a ella, da un paso hacia adelante o hacia detrás. “Yo no quiero recordar eso”.

 Tiene ganas de cerrar pero se resiste a hacerlo. “Yo no, yo no”. Observa con miedo al vacío, sin entender por qué han venido a preguntarle 40 años después. “No quiero hablar. Adiós. Muy amable”. 

Aquello de lo que no quiere hablar esta mujer septuagenaria –tal vez octogenaria– ocurrió el 8 de julio de 1977 en Sevilla, unos meses antes del disparo que acabó con la vida de Manuel José García Caparrós en Málaga, del que tanto se ha hablado estos días; y unos meses después del disparo que acabó con la vida del joven almeriense Javier Verdejo, al que no dejaron terminar de escribir “Pan, trabajo y libertad”, y del que tan poco se ha hablado estos y todos los días. 

“Yo fui a coger a mi hijo, que se me había escapao“, suelta apresurada la mujer. El disparo podría haberle alcanzado a ella. Tal vez al niño.

La esquina donde sucedieron los hechos ve pasar los días como si nada. “Alquilo piso por 450 euros”.  “Vendo piso por 82.000 euros”, anuncian varios papeles pegados a una señal de ceda el paso. Son otros tiempos. Hay otros nombres. Avenida Hytasa con calle Diamantino García, entonces Comandante Castejón.

 El tiro, tan fallido en la Transición cuando iba dirigido al aire, alcanzó esta vez a Francisco Rodríguez Ledesma, un albañil que se había acercado a la manifestación contra el cierre de la fábrica textil del mismo nombre que la avenida y que tantos uniformes para el Ejército franquista había confeccionado. 

Queipo de Llano había puesto la primera piedra. El dictador la había visitado. Hoy, frente a aquella esquina hay un edificio de la Junta de Andalucía. Al lado, Casa Arcadio pone desayunos como si no hubiera un mañana. Un cartel indica una peluquería de caballeros y niños a escasos metros. Y en la esquina, justo en la esquina, se levanta una escuela infantil con ladrillos vistos.

La mujer que no quiere hablar vio caer justo ahí, a su lado, al albañil, militante de CCOO. Murió en el hospital en enero de 1978. Mil personas acudieron a su entierro, según las crónicas periodísticas de la época, que ya auguraban también que aquella muerte, como la de Caparrós o la de Verdejo, quedaría impune.

Estamos en el Cerro del Águila, un barrio obrero de Sevilla. Pueden llegar hasta aquí en autobús. El 26 va directo desde el Prado de San Sebastián. Si están en la céntrica Plaza del Duque, una opción es el 32 con parada en Ciudad Jardín, desde donde pueden ir dando un paseo. Si están más cerca de Puerta Jerez, el metro o el tranvía son una solución para parte del trayecto. 

Es 5 de diciembre. Varios miembros de la asociación Aire Libre acaban de renovar el cartel que colocaron en 2015 como homenaje a Rodríguez Ledesma, que fue nombrado también cerreño del año por la Velá del Cerro del Águila. “Pusimos un clavel en la imagen porque su hermana nos contó que le dejaban uno todos y cada uno de los días que pasó en el hospital”, cuenta Pepe Verdón. La Junta de Andalucía tiene previsto catalogar en breve esta esquina como Lugar de Memoria.

“Mira, estos son los que mataron en aquellas fechas”, muestra en un papel escrito a boli Juan Morillo. Dice que a uno de ellos, a su amigo Aurelio Fernández, lo asesinaron en París en 1979. “Las manifestaciones eran asiduas”, añade Verdón. Esta fría mañana, ellos dos y tres compañeros, Jesús, Teo y José, recogen firmas para la apertura de un nuevo centro de salud. 

Hablan de Miguel Hernández, y de Mandela, y de cómo se está deteriorando el barrio, y de la próxima función del teatro de la memoria del Aguaucho. Ponen una bandera republicana y otra andaluza para hacerse la foto. Se acerca un hombre: “Conozco la historia por mi suegra”. Pero su suegra, ya han leído, no quiere hablar. La mujer, finalmente, echa el cerrojo a la puerta de chapa marrón.

Otro barrio en el que no hubo guerra

El historiador José María García Márquez destaca un caso en el Cerro del Águila: “Especialmente impactante fue la muerte de Francisco Portales Casamar, de 35 años, empleado del Matadero y afiliado a Unión Republicana, detenido por orden de Queipo el 10 de agosto de 1936, junto a su cuñado Rafael Herrera Mata. Lo juzgaron en consejo de guerra el 21 del mismo mes y lo condenaron a muerte.

 Al día siguiente, 22, Queipo aprobó la sentencia y el 23 fue asesinado a las seis y media de la mañana en la muralla de la Macarena. Rafael, impresor que trabajó en El Cerro en la imprenta de Luis Barral, fue puesto en libertad poco después, aunque en 1937 sería nuevamente detenido y asesinado el 29 de enero de 1938”.

La hermana de Francisco, Luisa Portales, fue una mujer muy conocida en el barrio por su militancia política en Unión Republicana; y su hermano Luis, activo miembro de las Juventudes Libertarias, estuvo a punto de ser capturado, aunque no lo detuvieron hasta enero de 1938 y lo condenaron a veinte años de prisión, indica García Márquez.

Muy cerquita, añade el historiador, se llevó a cabo el fusilamiento, en dos grupos de 11, de 22 miembros de la columna minera de Huelva, que llegó a Sevilla el 19 de julio y fue traicionada por la Guardia Civil. “Se quiso que toda la ciudad tuviese conocimiento de la ejecución como escarmiento público y por eso los dividieron en grupos por distintos barrios. Las desapariciones se sucedían una tras otra. Llantos, gritos de desesperación, búsquedas de familiares por todos los centros de reclusión de Sevilla, etc., se convirtieron en algo cotidiano y repetido en aquel verano y otoño de 1936”."                  (Olivia Carballar, La Marea, 01/02/18)

7/2/18

Continúan desaparecidos 157 soldados republicanos prisioneros apresados por tropas franquistas en la batalla de Sigüenza en 1936

"La batalla se desarrolló desde agosto hasta octubre de 1936. Una vez que la sublevación fracasó en Guadalajara, una columna de 200 milicianos de la CNT-FAI al mando de Feliciano Benito Anaya, otra con 300 comunistas del batallón Pasionaria a cargo del comandante Castro, otra columna del POUM, y los ferroviarios de la UGT y la de la JSU, se unieron bajo la dirección del coronel Jiménez Orge para defender Sigüenza del asedio fascista.
 
Los aviación nazi destruyó parte de la ciudad, el hospital y el hospicio del obispado, y el bombardeo rebelde arrancó la techumbre, y destrozó la torre derecha de la catedral. Sigüenza cayó en manos fascistas el 16 de octubre de 1936, tomando 738 presos Republicanos, de los que 500 eran combatientes. Entonces empezó la represión. 

Los prisioneros fueron trasladados atados por los codos y clasificados. Mujeres y niños fueron liberados poco después. El capitán de Infantería republicano Pedro Hernández Rivero, asesor técnico de las milicias fue ejecutado para “ejemplaridad de todos” en el patio del castillo de Sigüenza y enterrado a pocos metros del mismo. 

Al día siguiente los hombres fueron trasladados en camiones de ganado a Soria, donde fueron encarcelados. Varios presos fueron ejecutados por el camino en los altos de Barahona, límite entre las provincias de Guadalajara y Soria, pero la mayoría de ellos llegó a su destino.

Hay 2 listas documentadas de prisioneros tras la batalla de Sigüenza. La 1ª está firmada por el comandante Alfonso Sotelo Llorente, fechada en Sigüenza el 16 de octubre, y consta de 591 personas, 490 hombres, 47 mujeres y 54 niños. Los presos pertenecían a la CNT (137), Batallón Ferroviario, (123), Batallon “Pasionaria”del PCE/JSU (105), Milicias del POUM (40) y Batallón seguntino Francisco Gonzalo (39), 12 soldados republicanos y 8 heridos, y otros 26 presos sin adscripción conocida. 

La 2ª lista, con 333 presos incluyendo otros 14 nuevos, está firmada por el director de la prisión de Soria en enero de 1937. La diferencia entre ambas listas es de 157 presos, que figuran en la lista de salida y no en la de Soria. Es posible rastrear el destino de los que figuran en ambas listas, en batallones de trabajadores, cárceles, campos de concentración u otras penas. PERO DE LOS 157 DESAPARECIDOS, NO HAY NINGÚN RASTRO.

En las semanas siguientes, tras su llegada a Soria, se produjeron varias “sacas”, el 18 de noviembre 30 presos, y en otras fechas incluyendo la Nochebuena reduciéndose paulatinamente el número de presos; en enero de 1937 había unos 200. En la primavera de 1938 aún quedaban unos 100 presos provenientes de Sigüenza, que fueron trasladados a San Pedro de Cardeña (Burgos) y Bilbao para trabajos forzados. (...)"                

 (Documentalismo memorialista y republicano, 24/01/18. Documentos: El Mundo (Raúl Conde). Foro Memoria Guadalajara (1 y 2). Y los libros:– La represión franquista en Guadalajara. Pedro A. García Bilbao (URJC. ). P. Carlos Paramio Roca (UCM). Xulio García Bilbao. Prólogo: «La vida de los otros» de Mirta Núñez Díaz Balart (UCM). Silente Memoria Histórica. Foro por la memoria de Guadalajara La represión en Soria durante la Guerra Civil. Gregorio Herrero Balsa y Antonio Hernández García. Tomos 1 y 2

6/2/18

Les prendieron fuego a todos, disparando sobre aquellas antorchas humanas despavoridas, aullantes...

"Teresa nació en Monforte de Lemos, Lugo, en 1914. Alumna destacada de la séptima promoción de la escuela de niñas de León de la Escuela Sierra Pambley entre 1924 y 1927, por lo que se cree que fue maestra suya María Pedrosa, una de las muchas docentes represaliadas en León. Avecindada en León, se afilió a las Juventudes Socialistas locales, participando en los años 30 en numerosos movimientos políticos y sociales que trajo consigo la entusiasta proclamación de la II República.
Teresa Monge Melcón, es protagonista de uno de los paseos más tristemente famosos de la Guerra Civil. Otras 32 personas cayeron con la joven militante socialista, de 22 años, en el campo de Fresno aquellos días oscuros que sucedieron al golpe contra el gobierno de la República.

 En aquellos años en los que dicen que la Guerra Civil pasó de largo por León, las carreteras y cuentas fueron testigos de atrocidades sobre las que aún hay que hacer mucha luz. Ni los registros civiles descansaban como prueba el hecho de que el parte oficial de defunción fuera emitido por el Ayuntamiento de Valverde de la Virgen a las 22 horas del 12 de octubre.

El caso de Teresita impactó tanto que la primera noticia sobre su ‘martirio’, más allá de la partida de defunción, es recogida en un librito publicado en 1938 en Barcelona por un desconocido que firma como Prometeo. El relato que la historiadora Beatriz García Prieto ha encontrado en el capítulo titulado 

El fascismo en la provincia de León es estremecedor: «Teresa Monge fue ultrajada y asesinada el 4 de septiembre, después de horribles sufrimientos. Luego que avisaron de ella cuantos criminales iban en el grupo, clavaron cuñitas de madera entre las uñas de pies y manos, y la pincharon con los machetes, cortándole un pecho en vida y rociándola con gasolina las partes genitales a las que prendieron fuego, retorciéndose la infeliz en una terrible agonía entre el doble sufrimiento físico y moral. La remataron después en las inmediaciones de La Virgen del Camino, arrojándola a la hoguera en unión de cuarenta y cuatro más, entre ellos su hermano».

Victoriano Crémer en el Libro de San Marcos también recuerda este capítulo oscuro de la Guerra Civil en León y la figura de la joven ‘rosa’ leonesa, como es recordada en los círculos socialistas al comparar su caso con el de las 13 rosas de la cárcel de Ventas de Madrid. 

A Teresa Monge, apostilla, «la condujeron en uno de aquellos fatídicos camiones, especialmente destinados para cargamentos humanos, agarrotados por el cuello con otros compañeros y hasta con los pechos segados, y, que una vez llegado al lugar del sacrificio, el Gólgota que se diría, les prendieron fuego a todos, disparando sobre aquellas antorchas humanas despavoridas, aullantes, como los moros de conquista y de nueva reconquista cuando corren la pólvora».

En la lista de las 32 personas que fueron fusiladas en las inmediaciones de la Virgen del Camino, donde Aerle colocó un monumento con sus nombres, no figura el referido hermano de Teresa, pero sí otras dos mujeres, ambas de la capital. Se trata de Visitación Herrero y Josefa Tascón.

Señala el papel oficial que Teresa Monge murió a consecuencia de heridas por arma de fuego y su cadáver fue hallado en la margen izquierda de la carretera de Astorga a León, a la altura del kilómetro 8, en el lugar conocido como el Canal. 

Su cuerpo fue identificado «por varias personas de León» por «sus ropas y un papel que había junto a su cadáver». Fue enterrada en Fresno del Camino. ¿Qué diría ese papel?"               (Documentalismo memorialista republicano, 04/02/18, Referencias: Diario de León (Ana Gaitero). Memoria Socialista Leonesa. Cosinas de LeónFundación Saber.es.

5/2/18

O Reisiño, un cura de pistola ao cinto...

"Foi un cura de pistola ao cinto. Estaba feito da mesma madeira dun Xosé Toubes, párroco de San Pedro de Mezonzo, fundador do Ideal Gallego  e terrorista naquela Coruña de 1936, dun Manuel Doval ou Xosé Gago Tarrío, os dous no Salnés e tamén en Euskadi, para volver da fronte co bastón de mando do alcalde asasinado de Urrieta ou dun Ramón Mosteiro Ferro, o arcipreste de Ordes, a chuzar contra os progresistas da localidade para facer efectiva a condena de  morte.



Era de igual feitura do que un Padre Nieto, aquel frade ruín, a meter terror e a pedir mortos no campo de concentración da illa de San Simón, do que un Luciano de Uriarte, daquela caste de misioneiros do Sagrado Corazón que remataron de capeláns castrenses, do que un López Galuá en Ribadeo, a sinalar obxectivos ás escadras fascistas, do que un cura de Cangas, a anotar os obreiros das obras da casa do pobo para facer listas negras, do que un cura de Beluso, de Zas, Cerdedo, Culleredo, Seixalbo e así ate non rematar.



Chamábase Emilio Álvarez Martínez pero todos o coñecían por “Reisiño”. Á volta de 1914, debido aos bos oficios de Vales Failde diante da Casa Real, os mesmos que fixeron a Lago González arcebispo de Compostela e a Eixo Garai arcebispo de Madrid, foi nomeado predicador da Capela Real e posteriormente capelán de honra de Afonso XIII. 

Saíu de  Madrid de 1920 co alcume de “Reisiño”, pola súa proximidade ao monarca, e cunha ampla listaxe de relacións privilexiadas para continuar unha brillante carreira eclesiástica, iniciada no seminario de Tui, seguida no seminario central de Santiago de Compostela e prologada na parroquia de Santiago o Maior de onde marchou á Corte, con só trinta e tres anos. 

E volveu a Vigo, para dirixir a recentemente fundada parroquia de San Francisco, e foi un non parar, presidente e impulsor da Asociación da Vista Antoniana, xefe da beneficencia municipal, profesor de relixión e moral no instituto da cidade e párroco titular de San paio de Ventosela.



Á altura de 1932, impulsou a creación da asociación  Martín Codax, fogar e refuxio de todo o Vigo reaccionario que chegou a agrupar a máis de catrocentos asociados, diríamos hoxe think tank daquela dereita viguesa españolista e monárquica, que promoveu obras teatrais de Pemán e Pemartín, dramaturgos de cabeceira da España de orde e colaboradores habituais de Acción Española, auténtico organizador colectivo da opinión reaccionaria no período republicano. 

Martín Codax foi a casa  berce da extrema dereita da cidade, o punto de encontro da Renovación Española, organización liderada por Calvo Sotelo que merecería a homenaxe do colectivo, e de Falanxe Española, sinalándose entre os seus primeiros dirixentes, directivos do colectivo como Xosé Vázquez Fernández, Xavier Vázquez Ozores, Emilio Torrado Rivas ou Eduardo Canitrot Robles.

 Ao fin, foi a forza de choque da contrarevolución no Vigo republicano, organizando grupos violentos para combater coa forza ás reivindicacións obreiras, as demandas nacionais é as forzas políticas populares.



E foi cazador de xentes de ben a partir de xullo de 1936. Aquelas agrupacións paramilitares pensadas na Martín Codax, coas mans manchadas de sangue de demócratas vigueses desde 1935, non tardaron en poñerse á tarefa que a nova situación esixía. Alí estaba “Reisiño”, como sinalaron diversas publicacións sobre o terror fascista en Galiza publicadas no exilio: 

“Personaxe importantísimo do falanxismo en Vigo é un crego moi coñecido, monseñor Emilio Álvarez, alias “O Reisiño”, xefe de Falanxe, daqueles que deciden sobre a vida e a morte dos cidadáns vigueses. …é un tipo cativo, enxoito de movementos lixeiros e dunha crueldade feroz. Home sen ningún escrupulo moral, entregado a todos os vicios e aberracións, preside unha agrupación da mocidade intitulada Martín Codax, en que formou un cadro de declamación que serve unicamente para os seus manexos a prol do fascismo e das súas preferencias persoais” [texto tirado de Galicia mártir. Episodios del terror blanco en las provincias gallegas (Hernán Quijano, pseudónimo que se atribúe a Luís Seoane].

E chamábase “O Reisiño”, morreu en Vigo o 27 de abril de 1954, sufrindo, laiando e delirando coas súas vítimas, coma todos."                 (Cilia Torna, Sermos Galiza, 26/01/18)

2/2/18

Un puñado de romances fraguados en campos de exterminio

"Libros sobre el Holocausto hay cientos de miles. Desentrañar lo ocurrido es —o debería serlo— una obligación moral. Entretanto, la historiografía hace lo que puede por cercar un nivel de abyección nunca visto en la historia de la Humanidad. 

Pocos autores se han atrevido sin embargo a poner el foco en ese intangible que, como recuerdan los más entusiastas, es lo que realmente mueve el mundo. En efecto, hablamos del amor como motor de vida y, en este caso también, de supervivencia.

La escritora y periodista Mónica G. Álvarez traza en Amor y horror nazi. Historias reales en los campos de concentración (Ediciones Luciérnaga) una historia alternativa de lo ocurrido, lo hace hilvanando una serie de vivencias personales e íntimas, todas ellas verídicas, en las que el amor con letras capitales parece plantar cara al nazismo. Un libro que, como explica su autora, nace como reacción a otro mucho menos amable: Guardianas nazis. El lado femenino del mal (2012).

“Quedé rota por lo trágico de aquél libro. Me llegó a afectar hasta tal punto que una amiga muy querida me dijo que tratara ahora de escribir sobre un tema más liviano como el amor”, explica la autora. El resultado son estos siete testimonios de unos de los capítulos más oscuros de nuestra historia reciente. Prisioneras que se enamoraron de sus carceleros, mujeres que se amaron pese a los impedimentos de la época, parejas que resistieron el cautiverio gracias al recuerdo de su amor…

“El amor es atemporal, puede ocurrir en un campo de concentración nazi, hace 5000 años o dentro de 2000”, confiesa la periodista, para quien la única razón que puede explicar la supervivencia en condiciones tan extremas de hambre y miedo solo se puede entender a través del amor. “El terror que tuvieron que vivir les hizo perder hasta la razón, si no sucumbieron es porque mantenían la esperanza viva de que él o ella estarían vivos”.

El carcelero enamorado

Es el caso, por ejemplo, de la historia que protagonizaron la eslovaca Helena Citrónová y el austríaco Franz Wunsch, cabo primero de las SS. Prisionera y carcelero protagonizan una historia propia del celuloide que Mónica González —a través de archivos y documentos bibliográficos— logra rescatar del olvido. 

“Él se enamoró perdidamente de ella. Y Helena sintió una especie de gratitud ambigua, que es la forma que tiene el preso de agradecer a su captor que le salve la vida”.

Cuenta Mónica que el oficial nazi se deshizo en atenciones para con la joven presa eslovaca. Veló por su seguridad durante el cautiverio, le regaló un par de botas para que pudiera afrontar con un mínimo de garantías la llamada marcha de la muerte, y hasta le entregó a modo de despedida un papelito en el que le indicaba la dirección en la que vivían sus padres para reunirse una vez finalizada la guerra.

 “Ella se giró y rompió el papel —apunta la periodista—, recordó aquellas palabras que le dijo su padre: Jamás olvides quién eres”. Con todo, la joven Helena no tuvo reparos pasado el tiempo en testificar a favor del oficial durante el encausamiento de éste.

Amor lésbico vs. Nazismo

Felice Schragenheim y Elisabeth Kappler —conocida en el seno familiar como Lilly Wust— se enamoraron fuera del campo de concentración. El idilio, cabe decir, venía patrocinado por un horizonte nada halagüeño; Felice era judía y Lilly nazi. El problema —¿o deberíamos decir el dilema?— para Lilly comienza cuando Felice le confiesa que es judía. 

“La respuesta de Lilly fue terrible —explica González—, el nazismo generó muchas contradicciones y era muy complicado para sus protagonistas hacerles frente”. El desenlace, cabe decir, es en este caso feliz. “Lilly dice sentirse por primera vez viva a su lado, hasta el punto de que decidió plantar cara al nazismo apostando por sus sentimientos”.

Todo un romance hollywoodiense que Mónica González rescata de las conversaciones que mantuvo Lilly a la edad de ochenta años con la periodista Erica Fischer, charlas que dieron lugar al libro Aimee and Jaguar: A Love Story, Berlin 1943. “Este es un claro ejemplo de que el amor puede tumbar a una ideología que está aparentemente instaurada en la mente de alguien, es la evidencia de que no sólo le puede hacer frente sino que también le puede vencer”.

Amor en fuga

Pero quizá es la historia de amor entre Howard y Nancy la que más ha dado que hablar. Ambos protagonizaron un interminable periplo por campamentos diversos en condiciones terribles. Tras ser brutalmente separados, la triste casualidad quiso que se volvieran a encontrar en Auschwitz, para después tener que hacer frente a una cruel marcha de 800 kilómetros que casi acaba con la vida de Howard. “Apenas pesaban 30 kilos, habían superado escenas de muerte y vejación inimaginables, pero ahí estaban, de nuevo juntos, el uno frente al otro”.

Cuenta Mónica González que, en sus charlas telemáticas con Howard, éste le relataba lo sucedido con optimismo y coraje: “Si tuviera que resumir en una palabra lo que sentí al hablar con Howard es humanidad. Lo cual tiene toda la lógica del mundo, pues sus carceleros trataron por todos los medios de deshumanizarlos”. 

Una suerte de clarividencia heredada del terror que González evoca en estos tiempos de amores que matan: “Me dijo Howard que los jóvenes no saben bien lo que es el amor, el amor es respeto y gratitud, no tiene nada que ver con los celos”."                     (Juan Losa, Público, 22/01/18)