25/9/17

El genocidio de los rohingya está causado por la diplomacia de las grandes compañías petroleras

"(...) Las llamadas “operaciones de limpieza” han matado a cientos de rohingya en los últimos meses, obligando a unas 250.000 personas asustadas, llorosas y hambrientas a escapar para salvar sus vidas de cualquier forma posible. Cientos más han perecido en el mar , o han sido perseguidos y asesinados en las selvas.
Las historias de asesinato y el caos recuerdan a la limpieza étnica de la población palestina durante la Nakba de 1948. No debería ser ninguna sorpresa que Israel sea uno de los  mayores proveedores de armas  a los militares birmanos.
A pesar del embargo de armas a Birmania decretado por muchos países, el ministro de Defensa de Israel, Avigdor Lieberman, insiste en que su país no tiene intenciones de detener sus envíos de armas al despreciable régimen de Rangún, que está utilizando activamente estas armas contra sus propias minorías, no sólo contra los musulmanes en el estado de Rakhine occidental sino también contra los cristianos en el norte. (...)
Casi una cuarta parte de la población rohingya ya ha sido expulsada de sus hogares desde octubre del año pasado. El resto podría serlo en un futuro próximo, con lo que el crimen colectivo sería casi irreversible.
Aung San Suu Kyi ni siquiera tuvo el valor moral de decir unas palabras de simpatía a las víctimas. En su lugar, sólo pudo hacer pública una  declaración sin compromisos : “tenemos que cuidar de todo el mundo que se encuentra en nuestro país”. Mientras tanto, su portavoz y otros voceros han puesto en marcha una campaña de difamación contra los rohingya, acusándolos de quemar sus propios pueblos, fabricar sus propias historias de violaciones, mientras se refieren a los rohingya que se atreven a resistir como ' yihadistas ', con la esperanza de vincular el genocidio en curso con la campaña occidental dirigido a vilipendiar a los musulmanes de todo el mundo.
Pero informes bien documentados nos dan más de una visión de la realidad desgarradora experimentada por los rohingya. Un reciente  informe de la ONU  recoge el relato de una mujer, cuyo marido había sido asesinado por los soldados en lo que la ONU describe como “generalizados y sistemáticos” ataques con “muy probable comisión de delitos contra la humanidad ”.
“Cinco de ellos se quitaron la ropa y me violaron”, dijo la  mujer afligida . “Mi hijo de ocho meses de edad, estaba llorando de hambre cuando entraron en mi casa porque quería que le diese el pecho, y lo mataron con un cuchillo para que se callara”.
Los refugiados que han llegado a Bangladesh huyendo tras un viaje de pesadilla hablan de la  muerte de niños, la violación de mujeres y la quema de aldeas. Algunos de estos relatos se han verificado mediante imágenes satelitales  proporcionadas por Human Rights Watch, que muestran aldeas arrasadas en todo el estado.
Ciertamente, el horrible destino de los rohingya no es completamente nuevo. Pero lo que hace que sea especialmente apremiante es que Occidente está ahora totalmente del lado del mismo gobierno que está llevando a cabo estos actos atroces.
Y hay una razón para ello: petroleo.
Informando desde Ramree Island,  Hereward Holland  escribió sobre la 'caza del tesoro escondido de Myanmar (Birmania).'
Enormes depósitos de petróleo que han permanecido sin explotar debido a décadas de boicot occidental de la junta militar están ahora disponibles al mejor postor. Es un gran festín petrolero, y todos están invitados. Shell, ENI, Total, Chevron y muchas otras compañías están invirtiendo grandes sumas para explotar los recursos naturales del país, mientras que los chinos - que dominan la economía de Birmania desde hace muchos años - están siendo desplazados lentamente.
De hecho, la rivalidad por la riqueza no explotada de Birmania está en su mayor apogeo desde hace décadas. Es esta riqueza - y la necesidad de debilitar la condición de superpotencia de China en Asia - lo que ha llevado a Occidente a apoyar a Aung San Suu Kyi como líder de un país que nunca ha cambiado de manera fundamental, sino que sólo ha cambiado de nombre para allanar el camino de retorno de las grandes petroleras.
Los rohingya están pagando el precio.
No se deje engañar por la propaganda oficial de Birmania. Los rohingya no son extranjeros, intrusos o inmigrantes en Birmania.
Su  reino de Arakan  se remonta al siglo octavo. En los siglos posteriores, los habitantes de ese reino conocieron el Islam gracias a comerciantes árabes y, con el tiempo, se convirtieron en una región de mayoría musulmana. Arakan es hoy en día el estado de Rakhine de Myanmar, donde la mayor parte de los aproximadamente 1,2 millones de rohingya del país todavía viven.
La falsa idea de que los rohingya son extranjeros se originó en 1784 cuando el rey birmano conquistó Arakan y obligó a cientos de miles de personas a huir. Muchos de los que fueron obligados a abandonar sus hogares y escapar a Bengala, finalmente volvieron.
Los ataques contra los rohingya, y los constantes intentos de expulsarlos de Rakhine, se han repetido en varios períodos de la historia, por ejemplo: después de la derrota de las fuerzas británicas estacionadas en Birmania en 1942 a manos del ejercito japonés; en 1948; tras el golpe militar de 1962; como resultado de la llamada 'Operación Rey Dragón' en 1977, cuando la junta militar expulsó a la fuerza a más de 200.000 rohingya de sus casas a Bangladesh, y así sucesivamente.
En 1982, el gobierno militar aprobó la  Ley de ciudadanía  que ha despojado de su ciudadanía a la mayoría de los rohingya, declarándoles ilegales en su propio país.
La guerra contra los rohingya comenzó de nuevo en 2012. Cada uno de los episodio, desde entonces, ha seguido un guión típico: 'conflictos entre comunidades' entre nacionales budistas y rohingyas, que a menudo conducen a decenas de miles de este último grupo perseguido a huir a la bahía de Bengala, a las selvas y, los que sobreviven, a  los campos de refugiados.
En medio del silencio internacional, sólo algunas personalidades respetadas como el Papa Francisco han mostrado su apoyo a los rohingya en una oración conmovedora en febrero pasado.  (...)
Los países árabes y musulmanes han permanecido en gran medida callados, a pesar de  las protestas públicas  exigiendo poner fin al genocidio.
Informando desde Sittwe, la capital de Rakhine, el veterano periodista británico, Peter Oborne,  describe  lo que ha visto en un artículo publicado por el Daily Mail el 4 de septiembre:
“Hace sólo cinco años, se estimaba que unas 50.000 personas de la población de la ciudad de alrededor de 180.000 habitantes eran miembros de la etnia rohingya, musulmanes locales. Hoy en día, hay menos de 3.000. Y no son libres de caminar por las calles. Están hacinados en un pequeño gueto rodeado de alambre de púas. Guardias armados impiden la entrada de los visitantes. Y no permiten que los musulmanes rohingya puedan salir“.
Con el acceso a la realidad a través de sus muchos emisarios sobre el terreno, los gobiernos occidentales, que saben lo que ocurre en el terreno directamente gracias a sus diplomáticos,  conocen perfectamente estos hechos indiscutibles, pero no han hecho nada de todos modos.
Cuando las empresas de Estados Unidos, Europa y Japón hacían fila para explotar los tesoros de Birmania, todo lo que necesitaban era un  gesto de aprobación  por parte del gobierno de Estados Unidos. La Administración de Barack Obama elogió la ‘apertura' birmana, incluso antes de las elecciones de 2015, que llevaron a Aung San Suu Kyi y su Liga Nacional para la Democracia al poder. Después de esa fecha, Birmania se ha convertido en otra 'historia de éxito' estadounidense, sin tener en cuenta, por supuesto, el hecho de que tiene lugar un genocidio en ese país desde hace años.
Es probable que la violencia en Birmania crezca y se extienda a otros países de la ASEAN, simplemente porque los dos principales grupos étnicos y religiosos en estos países están dominados y casi divididos en mitades iguales entre budistas y musulmanes.
El regreso triunfal de los EEUU y de Occidente para explotar la riqueza de Birmania y la rivalidad entre Estados Unidos y China es probable que complique aún más la situación, si la ASEAN no rompe su atroz silencio  y presiona con una estrategia decidida a Birmania para poner fin al genocidio de los rohingya.  (...)"                      (Ramzy Baroud  , Counterpunch, en Sin Permiso, 16/09/2017)

22/9/17

Encargado de prensa de Franco: “Tenemos que matar, matar y matar, ¿sabe usted? Son como animales, ¿sabe?. Nuestro programa consiste en exterminar un tercio de la población masculina de España

"La obra teatral Las bicicletas son para el verano (Fernando Fernán Gómez, 1977) se cierra con la frase que el protagonista, Luis, dice a su hijo: No ha llegado la paz, Luisito: ha llegado la victoria

Esa victoria va a implicar que los vencedores podrán llevar a cabo impunemente los propósitos que había alentado la sublevación de julio de 1936, tal como expresara a John Whitaker, periodista norteamerican, Gonzalo Aguilera, oficial de prensa de Franco, encargado de las relaciones con los corresponsales extranjeros:

 “Tenemos que matar, matar y matar, ¿sabe usted? Son como animales, ¿sabe? Y no cabe esperar que se libren del virus del bolchevismo. Al fin y al cabo, ratas y piojos son los portadores de la peste. Ahora espero que comprenda usted qué es lo que entendemos por regeneración de España […] Nuestro programa consiste en exterminar un tercio de la población masculina de España. Con esto se limpiaría el país y nos desharíamos del proletariado[2].

A la altura de mayo de 1939 no les parecían suficientes a los vencedores los miles de muertos en el campo de batalla, ni los asesinados en la retaguardia durante los tres años de la guerra; tampoco, el casi medio millón de exiliados, forzados a dejar su patria. 

 Ahora tenían las manos libres para actuar indiscriminadamente contra todos los sospechosos de haberse mostrado en algún momento de su vida favorables a la legítima República de 1931.Y de cómo se produjo esa represión sin límites es de lo que trata fundamentalmente este nuevo libro del historiador Francisco Moreno Gómez.

Francisco Moreno Gómez pertenece a ese nutrido grupo de historiadores españoles (Julio Aróstegui, Julián Casanova, Francisco Espinosa, Gutmaro Gómez Bravo, Mirta Núñez Díaz-Balart, Alberto Reig Tapia o Ricard Vinyes, entre otros) que se han ocupado en investigar diferentes aspectos de la represión franquista. 

Es autor de media docena de monografías sobre la resistencia antifranquista y el correlato de su represión y de numerosos artículos en revistas especializadas, con especial referencia a lo acontecido en Córdoba y su provincia.  (...)

Pues bien, de cómo se fraguó esa tragedia en 1936 y de cómo se continuó durante el franquismo trata con exhaustividad de datos el libro de Francisco Moreno, de tal manera que el día en que se constituya en nuestro país esa Comisión de la Verdad deberá recurrir, entre otras fuentes, al soporte teórico de esta obra sobre los términos “desapariciones”, “planes de exterminio”, “catástrofes humanitarias”, “crímenes contra la humanidad” y  “genocidio” y al amplísimo trabajo de campo sobre esas atrocidades que se cometieron en España.

Quizás uno de los aspectos más novedosos e interesantes del libro es la identificación (establecida tanto sobre la base de los estudios científicos sobre la materia como sobre la descripción de casos concretos) de la represión franquista con los crímenes contra la humanidad, tal como los consideran la jurisprudencia internacional y los informes y resoluciones de diversos organismos internacionales. (...)

Con rigurosidad y también con apasionamiento el autor arremete contra los nuevos pseudohistoriadores de la derecha y los escritores “equidistantes” que preconizan el olvido acrítico del pasado, “el carpetazo”, cuando no su reescritura con argumentos tomados de la época franquista[5]. El libro se erige contra la actual moda neofranquista del “todo fuimos culpables”, “en los dos bandos hubo violencias”, “los maquis y guerrilleros no fueron sino bandoleros y ladrones” y otras parecidas formulaciones hasta culminar en frases textuales como la de Jaime Mayor Oreja en 2007 de que el franquismo fue “una situación de extraordinaria placidez”. 

 Desde el principio el autor reacciona contra la falacia de las dos Españas enfrentadas en 1936 para recordarnos que se trató de un golpe miliar de inspiración fascista, apoyado por las fuerzas más reaccionarias del país en defensa de sus privilegios ancestrales que veían peligrar por la acción política y social de la República. Tomando frases y declaraciones por todos ya conocidas de Mola, Queipo de Llano, Yagüe o del propio Franco, Francisco Moreno verifica cómo desde julio de 1936 la política de exterminio y desolación estaba en el ADN de los sublevados.

Pero el libro se centra en los años posteriores a 1939. El autor va mostrando las distintas caras y formas con que la represión se fue manifestando a lo largo de los años oscuros del franquismo: primero se impuso el miedo y el terror, el silencio y el ostracismo; en el caso de que eso no fuera  suficiente, se avanzaba en el castigo físico, las vejaciones, la cárcel, los trabajos forzados, la tortura y hasta el asesinato; y la culminación de todo ello consistió no solo en la desaparición física de los perseguidos sino en su desaparición simbólica, en tumbas colectivas o anónimas que los familiares no pudieran identificar.

 Todo ese proceso está explicado detenidamente por Francisco Moreno y ejemplificado con testimonios concretos de las víctimas.  (...)"                  (José Manuel Pérez Carrera, crónica Popular, 05/09/17)

21/9/17

Así se hizo la familia Franco con el Pazo de Meirás: "donaciones" casa por casa supervisadas por la Falange

"El anuncio de que la Fundación Francisco Franco gestiona desde hace meses el frecuentemente incumplido régimen de visitas al Pazo de Meirás y la constatación por parte de la entidad de que empleará esta "oportunidad" para hacer apología de la dictadura y de la "grandeza" de su líder ha devuelto al primer plano el modo en que el histórico inmueble pasó a manos del militar golpista y, a través de él, a su familia. 

La organización dedicada a exaltar el franquismo insiste en agitar el relato de una "generosa donación" del "pueblo gallego" mediante "suscripción pública" que contrasta con la abundante documentación e investigaciones que acreditan el expolio del edificio, concretado en los años de mayor represión en territorio gallego y mientras en otros puntos del Estado continuaba la Guerra Civil.

Uno de los documentos que mejor muestran la manera en que procedieron los golpistas para convertir la antigua residencia de Emilia Pardo Bazán en "regalo" a Franco fue revelado hace apenas media década por la Asociación Cultura Aberta de Carral, uno de los municipios en que fueron recaudados los fondos. Son apenas cinco páginas encabezadas por una carta de la 'Junta Pro-Pazo del Caudillo', un organismo creado en 1937 por las autoridades coruñesas del naciente régimen dictatorial, como el gobernador civil, Julio Muñoz, junto a empresarios de la zona encabezados por el banquero Pedro Barrié de la Maza, responsable del Banco Pastor -entidad que en esos años intentaba ejecutar el aval de un crédito de la campaña del Estatuto de 1936, firmados por dirigentes galleguistas que habían sido asesinados-.


La misiva, datada en mayo de 1938, fue dirigida a las alcaldías de los ayuntamientos de la provincia para detallar la manera en que debían proceder para que sus vecinos pusieran su "grano de arena" para la compra del que pasaban a denominar Pazo del Caudillo. "Todos, del más potentado al más humilde, pueden poner su esfuerzo en lana realización del proyecto" para que "todos los españoles que sienten hoy el orgullo de llamarse conterráneos" de Franco sufragaran la "feliz idea" de "ofrecerle un trozo de la tierra misma de Galicia, que tanto le ha ayudado en su formidable tarea".

Más allá de la literatura sobre las bondades de "nuestro invicto Caudillo", recuperada esta semana semana por el controvertido comunicado de la Fundación Franco, la documentación muestra cómo el Ayuntamiento de Carral ejecutó la orden de la 'Junta Pro-Pazo'. 

En un municipio donde dos concejales habían sido asesinados por ser republicanos y otros cinco, sancionados -entre ellos el alcalde-, el nuevo regidor, Laureano Núñez, dictó una convocatoria para "tratar sobre asunto de excepcional importancia patriótica". Sus destinatarios era casi una veintena de personas encabezadas por el jefe local de la Falange, Juan Seijas.

En ese encuentro, acreditan los documentos, los presentes atendieron la 'sugerencia' de la Junta Pro-Pazo, que en su carta "había indicado" la "conveniencia" de "nombrar comisiones" de "dos o tres personas de significación en la localidad" para "visitar personalmente a sus convecinos" y reclamarles el dinero. 

 En el caso de Carral fueron constituidas ocho comisiones, una por parroquia, compuestas por sus respectivos tres miembros; fundamentalmente curas, concejales y falangistas. Estas comisiones elaboraron listados con los nombres, apellidos y aportaciones económicas de cada vecino y en poco tiempo reunieron un total de 4.385 pesetas. La parroquia en la que fueron recaudados más fondos, hasta 936 pesetas, fue Paleo, donde la comisión parroquial que recogió las 'donaciones' estaba encabezada por el jefe de la Falange.

Mientras continuaba la represión -solo en Galicia el proyecto interuniversitario de investigación Nomes e Voces ha documentado más de 550 muertes de personas represaliadas en ese 1938- la 'Junta Pro-Pazo' ultimaba su regalo al dictador, que acudió a Galicia a recogerlo personalmente en diciembre de ese mismo año. 

Fue durante un viaje que comenzó por A Coruña y continuó hasta Meirás, donde la Junta organizó una ceremonia para entregarle el Pazo, oficialmente sufragado por "suscripción popular" -a las recaudaciones casa por casa se habían unido otras vías de recaudación, como las nóminas de personal público-.

Durante aquella visita, según recogió la prensa de la época, el dictador había llegado a comprometerse a construir una autopista entre A Coruña y Madrid "y el viaje se hará en cinco horas" -Galicia no tendría conexión con la capital española por autovía hasta más de sesenta años después-. Tras tomar posesión del Pazo junto a su familia -entre ellos su hija, formalmente dueña de Meirás en la actualidad- Franco viajó a Santiago, donde desfiló por las calles y accedió a la Catedral bajo palio."              ( 

20/9/17

La gente había observado como torturaban al Comandante Moreno, como lo habían dejado colgado para que la gente lo viese y se asustara

"En el pueblo de Acebo/ pueblo de pocos amigos/ donde matan a los hombres/ después de tantos martirios (...) Como ya están enterados/ en ese pueblo de Acebo/ mataron a dieciséis/ y el comandante Moreno (...) El comandante Moreno/ hombre honrado y valiente/ en los montes del Acebo/ ahí le disteis la muerte/ Falanges de Fonsagrada/ no podréis subir al cielo/ porque allí esta de portero/ el comandante Moreno".  

Durante décadas los vecinos y vecinas de las comarcas próximas a A Fonsagrada (Lugo) cantaron el conocido como "Romance del Comandante Moreno", que relataba las torturas y el asesinato sufridos por Moreno y los restantes integrantes del Batallón Galicia, que él lideraba.

 Las estrofas de la canción (interpretada en el vídeo por Severiana Murias) y los recuerdos de muchas personas del lugar guiaron en verano de 2007 el equipo de arqueólogos de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), dirigido por Javier Ortiz, hasta dos fosas comunes situadas en el lugar de O Acevo, donde aparecieron los cuerpos de 12 hombres. Se comprobó también, mediante documentos y testigos, que dos más de los milicianos habían sido asesinados en el cementerio de A Fonsagrada. (...)

Carmen García Rodeja (ARMH) recuerda la importancia de la exhumación de la que se celebran ahora los diez años, un hito en el proceso de recuperación de la memoria histórica en Galicia: "Para los vecinos fue una emoción enorme, porque era un suceso muy oscuro que siempre habían tenido ahí, que les pesaba.

 Durante toda su vida habían sabido que allí había una fosa en la que habían sido tirados los cuerpos de unas personas desconocidas". "Se sabía, eso sí, que uno de ellos era el Comandante Moreno, porque en el tiempo había pervivido un romance transmitido de generación en generación. Una canción que relataba lo sucedido, que era un acto de memoria histórica y de justicia poética", destaca.

"La gente quedó muy impactada, muy conmocionada por lo sucedido, porque fue algo muy brutal. La gente incluso había observado como torturaban el Comandante Moreno, como lo habían dejado colgado para que la gente lo viese y se asustara", dice. "Los vecinos de la zona los encontraron allí, cubiertos de sangre, y tuvieron que enterrarlos ellos mismos. 

Hubo incluso niños que participaron en el enterramiento, personas que aún en el 2007 estaban vivos y que nos pudieron indicar dónde estaba la fosa", explica. "Por eso fue tan emocionante. Los vecinos y vecinas del lugar colaboraron enormemente con el proceso, incluso conocieron a las familias de los asesinados", recuerda.  (...)

El Batallón Galicia

Una vez que el ejército franquista se hizo con el control de Galicia, muchos militantes de izquierda salieron hacia la zona aún controlada por los republicanos. En Asturias crearon el Batallón 19, denominado 'Galicia', siendo mayoría en él los afiliados a la CNT y al Partido Comunista. Entre ellos había un grupo de 23 hombres que en enero de 1937 había escapado desde A Coruña en el barco 'La Libertaria', encabezados por el dirigente anarquista José Moreno Torres, que una vez en Asturias alcanzó el grado de comandante.

Tras luchar en los frentes de Oviedo, Vizcaya y Santander, el batallón comenzó a combatir en las montañas de León, donde participaría en sangrientas batallas que terminaron el 20 de octubre de 1937 en el puerto de San Isidro. La caída de Asturias en manos de los fascistas los obligó a huir nuevamente para salvar sus vidas. Un grupo intentó volver a Galicia por la zona de A Fonsagrada, pensando quizás en encontrar un barco en A Coruña que les permitiera escapar a Francia. 

En el puerto de O Acevo fueron sorprendidos por falangistas locales, con los que tuvieron un enfrentamiento. José Moreno y otros componentes del Batallón consiguieron huir, pero el resto de los milicianos fueron asesinados. Poco después Moreno fue también capturado y después de torturas corrió la misma suerte. Dos milicianos más fueron después fusilados en A Fonsagrada."            (  , eldiario.es, 18/09/2017)

19/9/17

Camposancos, el campo de concentración franquista olvidado de Galicia

"En la población pontevedresa de Camposancos fue ubicado hasta el año 1941 uno de los mayores campos de concentración del franquismo.

La desidia y descuido de las instituciones ha abocado al olvido uno de los emblemas más importantes de lo que significó la represión franquista en Galicia.

Un colegio jesuita de finales del siglo XIX muere herrumbroso y fruto del descuido en la parroquia pontevedresa de Camposancos con el río Miño a su faldas y frente a la población portuguesa de Caminha. No hay ninguna indicación desde la carretera que permita llegar hasta lo que queda de sus muros para poder vislumbrar la enormidad de sus dimensiones. 

A los pies de la fachada un hombre regenta un puesto de helados que da servicio a los viajeros que cogen el transbordador para cruzar el río a Portugal sin conocer la dramática y terrible historia que hasta el año 1941 ocurrió en el edificio que sirve de escenario de su día a día.

La construcción, que llegó a ser origen de las universidades de Deusto y Comillas, fue uno de los mayores campos de concentración que el franquismo usó para su represión, pero hoy solo vive presente en la memoria de las familias de las víctimas de los que vivieron allí recluidos. El desinterés de las instituciones amenaza con hacer perder para siempre el recuerdo de lo que sucedió entre sus paredes.

El edificio jesuita fue utilizado por los franquistas en un primer momento para alojar a todos los presos que eran capturados en las luchas navales en el frente norte de Asturias y en alta mar. Posteriormente, para alojar a todos los presos políticos de la zona. Unas instalaciones que, según el informe de Inspección de campos del régimen de Franco, podían acoger a 868 hombres pero que hasta su cierre en 1941 llegó a albergar hasta cinco mil en unas condiciones infrahumanas de hacinamiento.

La importancia de este campo de concentración en la represión franquista estriba en el hecho de que a partir de junio de 1938 el Tribunal Militar Número 1 de Asturias, que hasta entonces estaba en Gijón, pasó a ejercer su negra labor dentro de sus muros. Allí tenían lugar hasta cuatro consejos de guerra al día, y los fusilamientos derivados de sus decisiones eran continuos. Quienes no morían ajusticiados por el mandato del tribunal caían víctimas de la tuberculosis o de otras enfermedades para las que los carceleros no procuraban cura.

Un lugar de memoria que corre el riesgo de perderse.  (...)

La memoria de Camposancos se apaga frente al mar. El testimonio oral de lo que allí sucedió desaparecerá con la muerte de los que sufrieron la suerte de estar encerrados y el derrumbe de sus muros silenciará para siempre los gritos de desesperación que los presos dejaron escritos en forma de graffitis: “Aquí purgarás las penas que no tengas”, dice uno de los grabados resistiendo lánguido el paso del tiempo y el azote inexorable de la desmemoria."                     (La Marea.com, 06/08/17)

18/9/17

El desconocido campo de concentración que recluyó a 15.000 presos republicanos... los presos hacían cola para lavar los platos a los guardias y así comer los granos de arroz que al menos se quedaban pegados

"Finalizada la guerra civil en marzo de 1939, la caída del frente republicano trajo un aluvión de presos al ejército de Franco que quedaron dispersados en un centenar de campos de concentración de clasificación por toda España. 

El campo de Santiago e Higuera de Calatrava ha sido uno de los mas desconocidos por la historiografía con un importantísimo número de concentrados. Sus presos políticos procedían de la decimoquinta división del ejército republicano. Capturados tras ser derrotados en la última línea del frente entre Córdoba y Jaén.

Juan José Contreras fue uno de aquellos 15.000 mil prisioneros del campo de concentración de Higuera y Santiago de Calatrava. Sumido en el silencio y sin apenas documentación este espacio ha sido uno de los recientemente declarados nuevos lugares de la memoria de Andalucía, aprobados por decreto del Gobierno andaluz hace escasas semanas. 

“Me contaba poco antes de morir que los presos hacían cola para lavar los platos a los guardias y así comer los granos de arroz que al menos se quedaban pegados”, declara el periodista Juan Armenteros, especializado en memoria, a Público.

Daban nombre y vecindad para ser localizados. El servicio de información militar se encargada de buscar la posición durante la guerra de cada preso. Si mentían o daban nombre falso los confidentes dentro del campo daban las pistas necesarias. Días más tarde eran traslados. 

Eso siempre era una mala noticia. Soldados y altos cargos republicanos eran mandados a las cárceles durante largos años. También les abrían consejo de guerra en su misma localidad o eran trasladados a otros campos de concentración como mano de obra esclava.

Sin documentación ni vestigios de su existencia

“Estos campos comenzaron a construirse a partir de la caída del frente norte republicano en 1937. En la mayoría de los casos, los presos ocultaban en los campos de clasificación su identidad. Esta era investigada posteriormente a través de su correspondencia o de los brutales interrogatorios que hacían en los cuarteles”, aclara el historiador José Luis Gutiérrez Molina a Público.

El profesor de la Universidad de Jaén Santiago Jaén Millán ha estudiado en profundidad gran parte de la feroz represión vivida en estas localidades. Recuerda los escasos datos de estos dos campos y el desinterés de las autoridades del régimen por mantener algún aviso de su existencia. “La falta de vestigios físicos nos llevó a consultar la documentación existente en los archivos municipales de ambas localidades, concretamente las actas de pleno de 1939. 

En concreto en Santiago de Calatrava recogen la aprobación de algunos gastos ocasionados por la llegada a la localidad del juez militar de localidades como Torredonjimeno o Martos para visitar posiblemente a los presos”, aclara.

Y es que la ausencia de alambradas y de testimonios han dificultado en gran medida la investigación de este campo. "Hay que entender que estos campos no solo fueron de internamiento, clasificación y reeducación. 

También fueron de humillación, hambre, maltrato, disciplina, descontrol, lucha por la integridad y transformación”. Para Santiago el objetivo era claro “Nunca estuvo en sus ideas la de asesinar a los internos (de eso se encargaría la justicia militar), sino el de ser el bisturí social con el que separar el bien del mal, España de la Antiespaña".

Los cifras de mayor certeza sobre el campo han llegado de la mano del investigador Javier Rodrigo. En su libro Cautivos afirma que el “campo de Higuera de Calatrava albergaba 10.075 presos republicanos mientras que en Santiago se encontraban detenidas unas 4.800 personas”. Los presos eran investigados y catalogados políticamente mientras esperaban un largo período de reclusión o un fusilamiento inminente.

Presos en pésimas condiciones de hambre y frío

Presos como el pintor Rafael Zabaleta de Quesada y su amigo Cesáreo Rodríguez tuvieron suerte de salir de aquel campo a través de avales. “Todos los mozos que hubieran prestado servicio en el Ejército Rojo, desde la quinta del biberón hasta casi los ancianos irían al campo de Santiago de Calatrava”. Solo estuvieron dos semanas, llegando en escasos días avales del cura, de la Guardia Civil y de la Falange de su pueblo que garantizaban la adhesión de estos presos al movimiento.

Miguel Ángel Valdivia, presidente del Foro por la Memoria de Jaén, destaca a Público que “el campo estaba situado entre los olivares de ambos pueblos de Higuera y Santiago de Calatrava”. Era tal el número de presos hacinados en condiciones pésimas de hambre y frío que llegaría a albergar espacios de ambos municipios. Sin embargo el campo que sería de mayor tamaño era el de Santiago, superando fácilmente en extensión los 20 kilómetros. 

 Valdivia lo compara incluso en presos con uno de los principales campos de concentración que hubo en España tras el final de la guerra como fue el campo de Albatera en Alicante. “Muchos arrancaban las raíces de las flores y de las pocas matas que había para no desfallecer porque al no haber trabajo estos presos de Jaén estaban pésimamente alimentados”.

La represión franquista dejó solo en la provincia casi un total de 2.919 personas fallecidas. El investigador Luis Miguel Sánchez Tostado ha cifrado en 1.984 las personas fusiladas en la provincia de Jaén entre 1939 y 1959. 500 serían los fallecidos en cárceles junto a las casi 400 personas que murieron de forma violenta a causa de la violencia ejercida en aquellos años. 

En cuanto a los presos del citado campo, Tostado señala que “serían utilizados para cercar el pueblo con manchones de manera y alambrada de espino que se hallaban cerca de las trincheras”. A pesar del increíble número de presos, el campo desaparecería a finales de 1939 una vez que “su labor de clasificación, limpieza y distribución por cárceles y cementerios de los presos republicanos quedara concluida”.

Los municipios de Santiago e Higuera de Calatrava no superan hoy el millar de habitantes y pocos recuerdan aquella historia, ya que el pueblo quedaría prácticamente vacío en plena posguerra. “Eran muy bajo los jornales por las hambrunas de aquellos años y las familias partirían hacia otras zonas de mayor trabajo dejando aquellos pueblos con escasa población”.          (María Serrano, Público, 01/08/17)

15/9/17

La imagen de sus captores volviendo en camión al pueblo, paseándose con las bragas y los sujetadores de las muchachas en la punta de los machetes de los fusiles marcaron la memoria de varias generaciones

"En el terreno de la antigua finca El Aguaúcho están a punto de salir a la luz las huellas de un crimen que es la encarnación del mal que arrasó España tras la Guerra Civil

Bajo esta tierra cuarteada yacen los huesos de las cinco niñas, las cinco mocitas, las nuevas, las vírgenes de entre 16 y 22 años a las que, según los testimonios de la tradición oral de Fuentes de Andalucía, a 60 kilómetros al oeste de Sevilla, torturaron, violaron, asesinaron y arrojaron al pozo del cortijillo un día de agosto de hace 81 años. 

La imagen de sus captores volviendo en camión al pueblo, paseándose con las bragas y los sujetadores de las muchachas en la punta de los machetes de los fusiles y sus comentarios jactándose de que “¡Esta noche hemos tenido carne fresca!” marcaron en voz baja la memoria de varias generaciones. 

Ahora, ocho décadas después el fin de la trágica historia parece estar más cerca: la próxima semana comenzará la búsqueda de sus huesos. 

Eran sirvientas, costureras y jornaleras que se habían distinguido por simpatizar con los partidos de izquierda y participar en las movilizaciones sociales de los años de la República. Su delito fue bordar una bandera republicana, participar en la manifestación del 1º de Mayo o en una fiesta por la victoria en las elecciones del Frente Popular, ser novia de un rojo o secundar una huelga de criadas en las casas de los terratenientes que habían dejado ese año sin labrar fincas tras el ascenso al poder de la izquierda. 

Se llamaban María Jesús Caro González (18 años), Coral García Lora (16), su hermana Josefa García Lora (18), María León Becerril (22) y Joaquina Lora Muñoz (18), las cinco solteras.

Las autoridades anotaron posteriormente en diciembre de 1937 que habían muerto a consecuencia de la “guerra” el 27 de agosto de 1936. Puede que no fueran las únicas violadas y asesinadas en El Aguaúcho, porque días antes –inscribieron a posteriori sus muertes como ocurridas el 17 de agosto– se habían llevado a otras cuatro mujeres también jóvenes: María Caro Caro (35 años), Dolores García Lora (de 25, hermana mayor de Coral y Josefa, del grupo de las ‘cinco’), Josefa González Miranda (que iba a cumplir 18) y Manuela Moreno Ayora (40). Una hipótesis es que todas formaran parte del grupo del Aguaúcho."                   (Eduardo del Campo  , El Español, 09/09/17)

14/9/17

La familia de Segundo Mateos Baz (a) “el Pulgu”, fué perseguida porque había trabajado como criado para Fermín Mateos Carballo, el alcalde republicano

"La mayoría de los represaliados de Robleda recordados la semana pasada pertenecían a unos cuantos grupos de parentesco por consanguinidad o por afinidad (“Secuelas”, 03/08/17). Cuando se haya repasado el perfil familiar y social de todas las personas más severamente afectadas se podrá comprobar que estas relaciones de parentesco eran mucho más numerosas. 

También son una constante, más que las afinidades ideológicas, las relaciones laborales entre amos y criados, entre autoridades y empleados municipales, así como experiencias sindicales compartidas en la emigración francesa sobre todo. Ahora bien, la solidaridad social se rompió cuando llegó el momento de la prueba.

 Los represaliados o sus familiares que tenían apoyos en su entorno inmediato sobrevivieron sin dificultades materiales añadidas, quienes no los tenían quedaron en el desamparo extremo. Fue el caso de la familia de Segundo Mateos Baz (a) “el Pulgu”, perseguido porque había trabajado como criado para Fermín Mateos Carballo, el alcalde republicano que a fines de agosto de 1936 andaba huido. 

Segundo fue detenido el 24 de dicho mes y eliminado el mes siguiente en una saca carcelaria, quizá en el término de Sancti-Spíritus, donde apareció cadáver (05/09/36). Su esposa, Rosa Lucas Martín (a) “la Rosa del Sastri”, y sus dos hijas, Josefa e Isabel Mateos Lucas, la primera con discapacitada mental, quedaron pobres de solemnidad.

 Expuestas a los previsibles abusos, malvivieron prestando servicios domésticos, sobre todo como incansables aguadoras para los guardias civiles, notables locales y dueños de establecimientos, a pesar de que Rosa tenía más instrucción que muchas personas a quienes servía y era excelente calígrafa (le escribía las cartas a Mª Antonia Ovejero).  (...)

José Prieto y Eduardo Gutiérrez fueron las últimas víctimas robledanas de la represión sangrienta, contrariamente a lo que han afirmado los testimonios que generalmente asignaban esta circunstancia al alcalde republicano Fermín Mateos Carballo, asesinado el 6 de septiembre de 1936. Según las conjeturas familiares, el asesinato de José Prieto y Eduardo Gutiérrez habría tenido lugar el 28 de septiembre de aquel año.

Además de los mencionados vecinos habituales de Robleda, en su término fueron asesinados algunos residentes eventuales y forasteros llevados a su término para la ejecución extrajudicial: José Manuel Sánchez, natural de Boada y asentado en Fuenteguinaldo, que tal vez estuviera allí escondido en casa de un hermano y al ser muerto dejaba una huérfana (Manuela); el peñapardino Félix Hueso Pascual, padre de cuatro huérfanos (“Secuelas”, 04/05/17 y 27/07/17) y varios desconocidos extremeños, sobre los cuales, así como sobre sus familiares, no se tienen datos suficientes. 

En Robleda habrían ejecutado clandestinamente sus verdugos a Ignacio Sierra Borrego, aunque existen dudas sobre su destino fatal y enterramiento. Era vecino de Ciudad Rodrigo, trabajaba de albañil en Navasfrías y su cadáver habría aparecido cerca de la localidad de Robleda. 

Estaba casado con María Encarnación Sánchez Pérez, de cuyo matrimonio dejaba tres hijos, llamados Ignacio, Bienvenido y Julia (póstuma). Esta última debió de permanecer en Ciudad Rodrigo, de sus hermanos no se tienen noticias.

Un caso aparte, impregnado de ironía trágica, es el de Amable González Andrés. Este maestro, natural de Reguero (León), estaba casado con Isabel Villoria Esteban en Robleda, donde pasaba las vacaciones de aquel verano en espera de un feliz acontecimiento, pues la esposa estaba encinta. 
A pesar de las advertencias de sus cuñados, decidió presentarse en Écija, para la apertura de curso. Fue asesinado a la vera del cementerio local el día 1º de septiembre. Dejaba dos huérfanas: Concepción y Bernarda González Villoria, que portaban los nombres de las abuelas materna y paterna, respectivamente. 
El hijo póstumo (Amable Cecilio) falleció a los ocho días de su nacimiento. La viuda rumiaría su tristeza hasta la muerte. La familia política ocultó a las hijas de Amable su ejecución extrajudicial (“si os preguntan de qué murió vuestro padre decís que de pulmonía”). 
No tuvieron relación alguna con la familia de Reguero, cuyo ayuntamiento tampoco ha mostrado interés alguno por cultivar la memoria de dicho maestro. Concepción y Bernarda sólo de adultas se han enterado del motivo real de su orfandad. Salieron de Robleda para sus estudios y han viajado, sin desarraigarse de lugar de nacimiento.  (...)"                    (Ángel Iglesias Ovejero, Salamanca al día, 10/08/17)

13/9/17

Quince torturadores de la Brigada Política Social a finales del franquismo

"Se calcula que España contaba con 22.000 policías de la Brigada Político Social (BPS) en el año 1968. La policía política de Franco vigilaba a la oposición del régimen a través de detenciones, chivatazos… Y tenía como trabajo vocacional la tortura. Métodos represivos por los que conseguían controlar todo foco contra el régimen.  

Los boletines de la Dirección General de Seguridad hacían un análisis de los diferentes partidos políticos, sindicatos y agrupaciones clandestinas. Comenzaban entonces las detenciones y sacas en comisarías que duraron “legalmente” hasta diciembre de 1975. Sadismo e impunidad sin ninguna base legal.

En pleno siglo XXI, muchos miembros de la BPS siguen campando a sus anchas. Nacieron a finales de la posguerra y sus víctimas siguen vivas. Rondan los 70 u 80 años, pero en su juventud fueron verdugos en su máxima expresión. “Estas víctimas no pueden recordar bien quién realizaba los interrogatorios, cuántos participaban en las palizas y sólo personajes muy destacados -como el caso de Billy el Niño- han arrojado datos para sacar conclusiones de cómo actuaban”, aclara el investigador Pablo Alcántara Pérez a Público.

 La amnesia provocada por el dolor no ha permitido hacer un balance global de la lista completa de miembros de la Brigada Político Social de finales del franquismo. “Es demasiado difícil poner caras y recordar las horas de aquellos interrogatorios a pesar de que hablamos de una etapa muy reciente como fue la Transición”, sentencia Alcántara.

Nueve de estos policías tienen ya abierta una causa por parte de la jueza María Servini dentro de la Querella Argentina: Antonio González Pacheco alias ‘Billy el Niño’, Jesús González Reglero, Atilano del Valle, Ricardo Algar Barrón, Pascual Honrado, Jesús Martínez, Benjamín Solsona, Félix Criado y Celso Galván Abascal.

Cumpliendo estrictamente el código militar

El magistrado Juanjo del Águila aclara en su estudio 'Consideraciones sobre la Brigada Político Social del Franquismo' el estrecho vínculo de la BPS con el ejército sublevado, que “persistió durante todo el régimen hasta diciembre de 1975”. Del Águila argumenta que “es público y notorio que entre ambas fechas la policía política actúo con detenciones y posteriores atestados de cientos de miles de detenidos que pasaban luego a disposición de los jueces instructores, nombrados por la Autoridad Militar de Mando (Capitanes Generales y Ministros del Ejército)”.

La mitad de estos nombres tienen causas pendientes. La lista suma nombres y torturas por todo el país, aunque las zonas de mayor represión se concentraron en Asturias, País Vasco, Barcelona y Madrid.

·Asturias:

Claudio Ramos Tejedor y su títere, Pascual Honrado de la Fuente

Asturias contó con un protagonista principal en la Transición: el famoso comisario Claudio Ramos Tejedor. Los que lo conocieron en plena actividad lo describen como un hombre inteligente que no se manchaba las manos ni de sangre ni empuñando una pistola ni para dar un golpe. Entre sus secuaces bien dirigidos se encontraba el policía Pascual Honrado de la Fuente.

El investigador Alcántara relata a Público que “Honrado De la Fuente fue uno de los principales torturadores franquistas en Asturias. En el BOE del 31 de julio de 1967 figura entre los inspectores a los que se otorga la Cruz del Mérito Policial con distintivo Blanco. Ya en 1977 es admitido en el Cuerpo General de Policía”.

Poco a poco, Honrado de la Fuente se convirtió en cómplice de Ramos, el único con el que compartió nombres y secretos. El éxito de Ramos se basó en la aplicación de un método de terror contra todo elemento antifranquista en Asturias. Sin embargo, su fallecimiento no permitió enjuiciarlo dentro de la Querella. Pascual Honrado sí que está la causa. La jueza Servini lo acusa “torturar a Gerardo Iglesias, exsecretario del PCE y ex Presidente de IU, que fue detenido por incitar a la huelga”.

·Valencia:

Benjamín Solsona, alias ‘El Galleta’

Solsona fue destinado a Valencia tras entrar en el Cuerpo. En la ciudad todos le conocían con el seudónimo de 'El Galleta'. Alcántara señala que fue “denunciado en varias ocasiones como torturador de trabajadores y estudiantes detenidos. Fue uno de los que destacó en los interrogatorios y torturas contra casi una veintena de universitarios pertenecientes al Partit Comunista del País Valencià, en 1971”.  

Su crudeza no tenía límites: mantenía a los jóvenes durante 18 días y 18 noches detenidos, sin contacto con sus familias, en las instalaciones dela Jefatura Superior de Policía. Ni defensa. Ya en democracia, en 1980, fue nombrado Jefe Superior de Policía de Bilbao. Servini lo acusa de haber participado en las torturas infligidas contra Juan José López Hernando y Francisco Camarasa Yáñez en 1971 en Valencia.

·Barcelona:

Atilano del Valle

Atilano llega a Barcelona al inicio de la década de los setenta como inspector de la BPS. Alcántara apunta que la mayoría de los ex miembros de la BPS no fueron depurados al inicio de la dictadura, como ocurriría también en este caso. “El 3 de diciembre de 1975 se le concedió la Cruz al Mérito Policial con distintivo rojo”. 

Actualmente se encuentra fichado en la Querella. La juez le imputa el haber disparado y arrojado por la ventana a Miguel Jiménez Hinojosa tras su detención en Barcelona el 24 de abril de 1971. Miguel tenía 23 años; le dispararon a bocajarro y luego sería arrojado por la ventana. En aquella operación a Atilano lo acompañarían funcionarios como Francisco Rodríguez Álvarez.

Los hermanos Creix: Antonio Juan y Vicente Juan Creix

Los hermanos Creix también sembraron el pánico en Catalunya. Su sadismo no tenía barreras en los interrogatorios de los sótanos de la Dirección General de Seguridad. Tanto Antonio Juan como Vicente se empleaban a fondo con golpes, puñetazos y cualquier arma punzante que le permitiera ejercer torturas, según se desprende de los testimonios de sus víctimas. Ambos sufrieron la represión republicana y se convirtiendo en espías del ejército de Franco en Catalunya.

Antonio Juan Creix estuvo destinado en los años setenta en Sevilla, donde no sólo desmontó grupos clandestinos, también buscó a personajes de la talla del Lute. Fue Jefe Superior de Policía hasta 1974 en la capital andaluza hasta la apertura de un expediente que lo obligó a dejar el cargo.

·Madrid

Antonio González Pacheco, alias 'Billy el Niño'

Aún durante la dictadura, en 1974, un juzgado lo condenó a una multa por las coacciones y malos tratos infligidos al periodista Francisco Lobatón. A partir de 1977, pasó a ser integrado en la nueva Brigada Central de Información. 

En esta época se destacó en la lucha antiterrorista contra el GRAPO, en especial gracias a la liberación del presidente del Consejo de Estado, Antonio María de Oriol, que había estado secuestrado por la banda armada. En julio de ese año el ministro de Gobernación, Rodolfo Martín-Villa, le concedió la Medalla de plata al mérito policial. 

En septiembre de 2013 la jueza argentina María Servini dictó orden internacional de búsqueda y captura contra él. La justicia argentina le reclama por un supuesto delito de torturas cometido contra trece personas entre 1971 y 1975.

Roberto Conesa

Roberto Conesa Escudero, destacado funcionario de la Policía, estuvo implicado en la represión política desde 1939 y en la detención de grupos como Las Trece Rosas.

Alcántara señala que este policía fue mano derecha de Billy el Niño. “Desde el principio hasta el final de la dictadura franquista, se dedicó a perseguir a toda la oposición al régimen. En sus inicios, a las JSU, al PSOE y al PCE; después al movimiento estudiantil y el movimiento obrero; y, en los últimos años del franquismo, a la extrema izquierda y a grupos de lucha armada, como el FRAP”. 

Manuel Blanco Chivite, militante del FRAP, destacaría que “la saña de su actuación y la evidente excitación que le producía llamaba la atención de los que sufrían”.

El investigador sentencia que ya en democracia “fue utilizado para resolver el secuestro de Oriol y Villaescusa por los GRAPO en 1977”. Martín Villa, ministro de Gobernación, le otorgaría la Medalla de Oro al Mérito Policial.

Jesús González Reglero 

Reglero ingresó en el Cuerpo en 1967. Formaría parte del grupo ‘Anti Grapo’' dirigido por Billy el Niño. La prensa lo calificaría como "uno de los más duros durante la época de la represión franquista". En 1979 pasa a la Brigada Antigolpista. Servini lo acusa de “torturas contra los militantes antifranquistas Rodríguez Bonilla y Francisca Villar en febrero de 1975 en la sede de la DGS”. Bonilla cita en su querella cómo durante largas horas Reglero y su grupo lo golpearon por la espalda con cadenas y graves patadas en la entrepierna.

Ricardo Algar Barrón y Celso Galván Abascal

Algar Barrón entra en la Escuela General de Policía en 1969 y continúa con esta labor ya en democracia hasta el año 1988. Fue procesado en 1974 por un delito de lesiones durante el interrogatorio de Andrés González Somolinos. 

Su caso también se encuentra en la Querella Argentina. José María Galante Serrano denunciaría en su declaración cómo “Algar Barrón y Celso Galván Abascal participaron con malos tratos en su tercera detención, profiriendo contra él además graves amenazas.

Celso Galván estuvo implicado, como miembro de la BPS, en la muerte del estudiante Enrique Ruano. En 1996, se sentaría en el banquillo por este caso. Francisco Colino y Jesús Simón también estaban entre los policías implicados en el asesinato. Fueron absueltos por falta de pruebas. En democracia llegó a ser escolta de Franco y del rey Juan Carlos I.

Jesús Martínez Torres

Jesús Martínez Torres ha sido acusado por muchas de sus víctimas de aplicación de tortura y vejaciones a jóvenes luchadores antifranquistas. Muchos lo recuerdan como un “sádico” de largas patillas y “zapatos de tacón ancho" a causa de un grave complejo, tal y como señalaría el militante Mikel Azkue.

 Fue también acusado de torturar al militante antifranquista José Aznar Cortijo.
El triunfo del PSOE en las elecciones de 1982 le permitió ascender a Comisario General de Información responsable de la lucha "antiterrorista", siendo posteriormente imputado por los crímenes de los GAL.

·País Vasco:

Félix Criado Sanz

Criado Sanz fue uno de los primeros en pasar a la Escala Ejecutiva del Cuerpo Superior de Policía en los años de la posguerra. Inspector Jefe de la Brigada de Investigación Social de Bilbao, recibió la Cruz del Mérito Policial en 1967.

Fue denunciado por "curas de Zamora" y por Jon Etxabe Garitacelaya, a quien tuvo en 1969 durante siete días "salvajemente torturado junto con otros militantes y afectado por fuertes golpes…”.

Jesús Quintana Saracibar

Saracibar era capitán de la Policía Armada, al mando de las fuerzas que asaltaron la iglesia de San Francisco de Asís del barrio de Zaramaga de Vitoria en marzo del 76. Causaron la muerte por disparos de bala a cinco civiles e hirieron a otros 50. Está querellado por la asociación Víctimas del 3 de Marzo.

Manuel Ballesteros

Ballesteros comenzó su carrera en Valencia, al frente de la BPS. En la madrugada del 11 de noviembre de 1968 participó en la detención y grave tortura de 36 militantes antifranquistas  En Valencia son muchos los que recuerdan el sadismo de este torturador.

A finales del régimen es trasladado a San Sebastián como uno de los “agentes más despiadados de la BPS”. Ballesteros había sido comisario jefe de San Sebastián en 1974. Más tarde pasaría a ser Jefe superior de Policía en A Coruña en 1976. Dos años más tarde ocupa el mismo puesto en Bilbao. Sin sufrir depuración alguna, de la mano de José Barrionuevo y Rafael Vera llega a ser director del Gabinete de Información del Ministerio del Interior."              (María Serrano, Público, 09/09/17)

12/9/17

‘Cañero’, el portero de la Sego fusilado por ‘rojo’

"Tenía 24 años, soltero. Obrero ceramista en la Innovadora del Puente de Hierro. Un muy buen portero que en 1934 sustituyó bajo los palos de la Gimnástica Segoviana a uno de los impulsores del club, el carismático Paco Cabezas. Se llamaba Nicolás Álvaro Lobo, pero en Segovia se le conocía como “Cañero”

 El 13 de julio de 1936 “Cañero” jugó su último partido frente al Betis de Madrid en el campo de Chamberí.  Una semana después era detenido, y hace 81 años, el 15 de agosto, fusilado en la tapia del cementerio y enterrado en los arenales de Anaya.

“Cañero”, que se sepa, fue el único jugador del club segoviano que murió en la Guerra Civil. Algunos vivirían la represión de las retaguardias, otros fueron al frente, pero todos volvieron. Todos menos Nicolás Álvaro, ejecutado por comunista en su propia tierra.  (...)

Cañero era un personaje popular en la Segovia republicana. Fue uno de los primeros militantes del PCE de la ciudad, eso y su condición de portero de la Sego, le hacían uno de los pocos comunistas con nombres y apellidos residentes en la ciudad. Según explica Tapia, no hubo juicio. Probablemente fue una represalia tras los bombardeos sobre Segovia que desde Madrid propiciaba el “Pájaro negro”, un aviador segoviano de la República al que la Segovia nacional atribuía los bombardeos. 

“Llegarían falangistas o requetés con una lista e hicieron una saca”, especula Tapia. Así sin más. En De la Esperanza a la Persecución, de Santiago Vega, el mejor trabajo sobre la represión franquista en Segovia en la Guerra Civil, se le incluye entre las víctimas de la represión “ilegal”, sin juicios. Una instancia judicial de 1937 lo considerá “desaparecido”. Como “desparecido” sigue de la memoria colectiva segoviana."                  (Acueducto.com, 28/08/17)

11/9/17

Siendo de ideas comunistas, se fue que como voluntario falangista en la Guerra Civil... «No me quedaba otra solución, o se estaba con los sublevados o en contra»

 Teodoro Recuero, en el frente ruso, con sus compañeros

"(...) las aventuras y desventuras de Teodoro Recuero que ahora publica West Indies Publishing Company bajo el título Hasta Nóvgorod: Crónica de un viaje. (...)

Le cuesta encontrarlos: ya casi no quedan. Podemos caer en los tópicos por una vez, porque son muy ciertos: los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla. Incluso podemos caer en un tópico más: la historia con mayúsculas difícilmente se entiende sin conocer la historia con minúsculas. Se pueden leer muchos manuales y libros de divulgación o tesis doctorales sobre la Guerra Civil, sobre la División Azul, pero si no se va a las fuentes directas, a la memoria de los soldados que la vivieron, es imposible hacerse una idea relativamente exacta de lo que fue aquello.

«A pesar de combatir en el mismo bando los moros y los legionarios no nos podíamos ver los unos a los otros». Uno piensa en bandos monolíticos, en ejércitos disciplinados y muy fanatizados, con una terrible carga política. Uno tiene una visión muy distorsionada de las guerras, después de tantas películas y novelas y de las frases grandilocuentes de los discursos de los líderes políticos.

Pero aquí no hay nada de eso. Aquí solo está la simple, clara, terrible y lúcida realidad. Una realidad que viene completada con algunos textos explicativos, resaltados en cuadros y no en notas al pie de página, introducidos muy acertadamente por los editores en el texto. Estos párrafos nos ayudan a hacernos una visión general. Pero si algo hay que destacar por encima de todo es la propia memoria del autor. Y su sinceridad…


«Mi aventura como voluntario en Rusia no tuvo motivación ideológica, sino económica». ¿Se puede decir más claro? Cuesta entenderlo, por supuesto. Cuesta entender que una persona que ha sobrevivido a una guerra quiera meterse en otra por un simple sueldo, pero fue así, y, desde luego, Teodoro Recuero no fue el único en ir a luchar a Rusia sin ningún afán ideológico, sino por fines prácticos.

Algunos fueron porque estaban en una situación peligrosa (o porque sus familiares directos estaban en una situación peligrosa), porque la represión franquista no les dejaba otra salida, otros fueron por convicción, el simple deseo de aventura llevó a algunos a Rusia. Sin embargo la historia oficial, que durante mucho tiempo se ha filtrado, aunque sea involuntariamente, en el pensamiento colectivo, e incluso ha llegado a contaminar los libros de texto, nos muestra una División Azul muy diferente. El primer valor del libro de Teodoro Recuero Pérez es este: la desmitificación.


El segundo valor de este libro de memorias es la síntesis de hechos e ideas. No es un libro muy largo. Se lee muy fácil. Es muy ameno. Nuestro protagonista repasa toda su vida, centrándose principalmente en la guerra (algo que se echa a faltar en otros libros parecidos), desde su nacimiento hasta su regreso del frente ruso y su difícil reincorporación a la vida civil. Lo cuenta con crudeza, con frialdad, pero no se pierde en detalles innecesarios.

 Va al grano. Y tiene una capacidad de síntesis que solo da la mucha experiencia en la vida sumada a una gran dosis de sentido común.
Pondré un ejemplo: al igual que Manuel Mena, el familiar de Javier Cercas, la Guerra Civil le pilla en su pueblo natal de la provincia de Cáceres. 

Vemos lo mismo que se lee en el libro de Cercas: la represión, la violencia, los arrestos y los fusilamientos entre personas que han sido vecinos (y generalmente buenos vecinos) hasta el mismo día anterior a la guerra. Pero si Cercas se centra (y está en su derecho, desde luego), casi exclusivamente en la historia inmediata, en la reconstrucción lo más minuciosa posible de los acontecimientos, Teodoro Recuero, desde su aparente crudeza y frialdad, nos llega al alma con confesiones muy nítidas e irrebatibles que nos muestran, con un fuerte fogonazo de luz, la verdaderas causas de la guerra y la verdadera naturaleza de la guerra:
«Todas las promesas que nos habían hecho en las elecciones del 31, cuando vino la República, quedaron sobre el papel», nos dice. 

Además, por si no ha quedado suficientemente claro, añade:
«Aquella era una época muy mala para encontrar trabajo. Los padres de familia se las veían y se las deseaban para dar de comer a sus hijos. El aceite era cosa de lujo, a pesar de cosecharse en el pueblo». Y ya está. Se puede leer mucho sobre la pobreza de la España campesina de principios del siglo XX (una pobreza que se viene arrastrando desde siglos y siglos atrás), pero con tres frases cortas ya está todo dicho.

Si a esta pobreza se le suma la actitud de los terratenientes «que preferían dejar las faenas del campo sin hacer» antes que dar el trabajo a jornaleros que votaban los partidos de izquierda, jornaleros que tenían inicialmente una fe absoluta en la República, pero que muy pronto se desencantaron y se radicalizaron. 

Si a esto se suma también que «no se podía ir tranquilo por la calle» (y no estamos en una gran ciudad, sino en un pequeño pueblo extremeño), ya podemos empezar a entender por qué pasó lo que pasó y por qué nuestro protagonista, siendo de ideas comunistas, se fue que como voluntario falangista en la Guerra Civil (muy distinto del falangista convencido, al menos al principio, de Javier Cercas), simplemente para salvar el pellejo.

«No me quedaba otra solución, o se estaba con los sublevados o en contra», nos confiesa sin pudor alguno Teodoro Recuero. Y es triste. Es muy triste que un país entero se viera en esta situación. Por eso estos libros se tienen que editar. Por eso estos libros se tienen que leer."         (Le Miau Noir, 21/08/17)